martes, 27 de octubre de 2015

El minotauro global

Compré este libro antes de que Varoufakis se hiciera famoso. Pero lo leí durante los primeros meses del 2015, cuando Tsipras y Varoufakis intentaban renegociar la deuda griega. Me interesaba conocer algo de las opiniones del tipo que salía tanto en la tele. No hay demasiados economistas con renombre académico que bajen al barro a resolver problemas económicos reales y que además queden tan fotogénicos en la pantalla. Seguro que los usureros del Norte tenían envidia de su moto, de su bronceado y de su camisa ceñida. Como se sabe, Varoufakis acabó dimitiendo en julio de 2015 y Tsipras acabó tragando con muchas de las condiciones que los usureros le imponían.

Al parecer, Varoufakis ha trabajado en Teoría de Juegos; pero “El Minotauro global” trata de la gran economía, lo que se solía llamar “Economía política”, antes de que la economía se disfrazara de ciencia. El libro analiza un enigma que está en el centro de nuestra historia contemporánea: cómo ha podido la economía norteamericana ser deficitaria comercial y financieramente durante tantas décadas. Es decir, cómo ha podido absorber durante tanto tiempo los excedentes comerciales producidos por Alemania y Japón, principalmente, y simultáneamente, lograr que los excedentes financieros volvieran a entrar, vía Wall Street al sistema financiero norteamericano. Bien a los fondos de inversión privados, bien a la compra de su gigantesca deuda pública.

El autor usa la imagen del Minotauro como metáfora del misterio. Igual que al monstruo del laberinto le ofrendaban doncellas, desde la derrota de Atenas ante Minos, la economía mundial ha estado ofrendando financiación y manufacturas a la economía norteamericana desde la ruptura del sistema pactado en Bretton Woods.  El autor usa continuamente metáforas mitológicas, para presumir de griego; pero, al igual que en la mitología, todo ocurre de acuerdo a la voluntad de los dioses y los hombres, en la explicación de Varoufakis, toda la historia económica contemporánea se organiza en base a grandes planes o estrategias, pensados por alguien en algún lugar. Y eso me resulta tan difícil de tragar como le debió resultar a Tsipras las nuevas condiciones de la Troika.


Con todo, a mí, como profano, me parece una excelente narración sobre la economía mundial de los últimos 50 años. El último capítulo (creo que añadido a la segunda edición) tiene el significativo título de “¿Un futuro sin el Minotauro?”, en el sentido de que la gran crisis mundial de 2008-2015 habría supuesto una reorganización de todo el sistema. Y para los europeos, esa reorganización no son buenas noticias: ”La quiebrocracia (…) tiene tanto de circunstancia europea como de invento norteamericano. La diferencia entre la experiencia de los dos continentes es que, al menos, en América, no tuvieron que lidiar con los enormes errores de diseño de eurozona.(…)Europa se está desintegrando simplemente porque su arquitectura no era demasiado sólida para soportar la onda expansiva provocada por los estertores mortales del Minotauro”.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Distintas formas de mirar el agua.

A la vuelta de la última excursión por la Navarra pirenaica, cruzamos la rivera del Aragón. Había pintadas en las paredes de los pueblos, que gritaban “Yesa No”. Quizás yo era el único del bus que sabía a qué se referían. Desde hace unos años, sobre aquellos pueblos, en especial, sobre Artieda, planea la amenaza de la ampliación del pantano de Yesa. Es decir, la amenaza de ser expulsados de sus casas. Como ya ha pasado tantas veces en otras riveras, en otras montañas.

Hasta ahora, había sido mi-nuestra “Ronda de Boltaña” la que, con más sensibilidad, con más pasión, con más rasmia, había cantado sobre los pueblos inundados, sobre el forzado éxodo. Recuerdo cuando visitamos  las ruinas de Jánovas. Un paseo silencioso entre aquellas paredes dinamitadas por la guardia civil. Son un impresionante memorial a las infamias cometidas contra los montañeses, en nombre del progreso, en  nombre del llamado “déficit hidráulico”. En el último disco de “La Ronda”, el segundo track, “La dama del lago” canta sobre el tema con una belleza lírica difícil de igualar.

Esta novela breve también ha usado ese dolor como materia prima. Y ha sido el gran Llamazares. Por si todavía le faltaba algo para ascender aún más en mis altares particulares. Hace muchos años, expulsaron a Domingo y a Virginia de su casa en la aldea de Ferreras. Virginia vuelve ahora con sus descendientes para cumplir la última voluntad de Domingo y echar las cenizas de su marido en las aguas del pantano maldito. Y podemos leer los pensamientos y las emociones de cada uno de los que forman el cortejo. Recuerdan al marido, padre, abuelo. Y rodeados de peñas y frente a las aguas quietas del pantano, reflexionan sobre el dolor brutal que marcó las vidas de estas gentes. Son las “distintas formas de mirar el agua”. 

Llamazares, nacido en el también inundado Vegamián (cerca de Ferreras), consigue trasladar a cada página la nostalgia de los montañeses expulsados, la injusticia en nombre del progreso. Del progreso de algunos.


Pero la novela no solo es recomendable porque trate acerca de una de las oscuridades del desarrollismo español, sino porque cada línea está bien escrita. Está en su sitio. Precisión, cuidadas descripciones. Y el lector viajando al centro del corazón y de la memoria de cada uno de los narradores. Como ha dicho algún crítico: “Un escritor de su categoría podría redactar los anuncios por palabras de un periódico y seguiría siendo interesante”. Aunque no te darán nunca el Nóbel de literatura, gracias, otra vez, Julio.

(adenda: Después de haber publicado esta entrada, "Salvados" emitió un programa sobre Jánovas. Gracias, otra vez, Jordi.)