martes, 17 de septiembre de 2013

Red de mentiras (Body of lies)



Cuando el mundo era una gran partida de ajedrez, todos, hasta el más tontico, podían opinar sobre las blancas y las negras. En última instancia, cada pequeña guerra, cada atentado, cada invasión, cada genocidio, se podían explicar en base al gran juego entre el Kremlin y Wall Street. Rambo ayudaba a los islamistas y el Che a los guerrilleros de Laurent-Désiré Kabila. Y cada cierto tiempo, los milicos volteaban un Allende. Pero cuando cayó el muro, la partida de ajedrez se convirtió en una gran partida de póker. Hay un jugador con un stack enorme, los USA, el policía global. Y muchos otros jugadores , que se atacan entre ellos (persas contra árabes, chiitas contra sunitas, kurdos contra alauitas, armenios contra azeríes, palestinos contra todos…). Y ese caos, ese havoc, como dirían en inglés, es imposible de entender. 

De vez en cuando, alguno de esos jugadores, ataca al gran Minotauro, como ocurrió hace ahora doce años. Empezaba el mundo nuevo. El mundo global y sus guerras. Entre ellas, la famosa “guerra contra el terrorismo”, que cambió nuestras democracias para siempre. Los malos vencieron.

Vi un buen trozo de esta peli en la tele y me pareció que estaba bien hecha y que tenía cierta miga. ¿Hasta qué punto podemos defendernos? ¿Cuál es el límite de nuestras acciones en esta guerra sin ejércitos? Le pedí a un compañero que me la consiguiera para verla entera. Obviamente, no es lo mejor de Ridley Scott; pero tampoco es de lo peor. El pobre De Caprio no puede convencernos de que es un súper agente que habla árabe y puede pasar por afgano o iraquí. Pero Russell Crowe sí que da como jefecillo en Washington. Uno de esos hijos de puta que nos escucha, nos vigila y nos protege. La peli se deja ver y hace que uno se pregunte bastantes cosas. Quizá dentro de unos años entendamos qué pasa en Siria y por qué la administración Obama hace lo que hace.

lunes, 9 de septiembre de 2013

The Way (2010)


Sant Jean de Pied de Port, Donibane Garazi… ¡Cuántas veces he pronunciado ese topónimo con deleite de lingüista! San Juan de Pie de Puerto, la capital de la Baja Navarra, siempre mirando al sur, hacia los Pirineos. San Juan es precisamente una de las puertas de la muralla y por ello, los caminos de Santiago del occidente francés afluyen a ella, para cruzar Roncesvalles-Orreaga. Los del sur, desde la Provenza e Italia, cruzan por la otra gran puerta: Somport, el summun portus aragonés.

El obispo Teodomiro y Alfonso II tuvieron una brillante idea hace más de mil años. La corriente que, desde siempre, había llevado a los celtas hacia el fin del mundo, siguiendo al sol, arrastró a artesanos, campesinos, prostitutas y anacoretas hacia la improbable tumba del santo. Y los reinos hispánicos se poblaron y crecieron. En las huellas de aquellas gentes nacían ciudades y estados que cambiarían el mundo. Se construyeron puentes y catedrales, que aún hoy asombran. Siempre hacia occidente. Ultreia.

A Sant Jean me arrastró Tomás. Y empezamos a caminar hacia Santiago. Hacia el Campo de las Estrellas. Y descubrí que andar me gustaba. No he parado desde entonces. El GR-11, parte del GR-10  ibérico, el  GR-121. Y este verano he vuelto a San Juan, en la mejor compañía, siguiendo el GR-10 francés.

Juan me prestó esta peli, que comienza precisamente allí, en Garazi. Cuenta la peregrinación de un médico, bien interpretado por Martin Sheen. La peli tiene sus momentos trascendentes y sus minutos de relleno. En general, es creíble y se deja ver. Aunque me temo que se hará aburrida a los que no hayan hecho nunca el Camino, porque es tan irregular como él. A mí, me sonó demasiado a promoción turística. No sé si alguien contrató a Emilio Estévez (hijo de Sheen) para hacer un publi-reportaje que convenza a los norteamericanos para andar por las soledades castellanas; pero lo consiguió. Personalmente, me gustó algo más “Peregrinos”, que ya glosé aquí. Proyectos insensatos: captar con una peli una experiencia que suele marcar la vida de los que la tienen.

domingo, 1 de septiembre de 2013

La bicicleta verde. Wadjda.

Para celebrar el final de las vacaciones, fuimos a ver esta coproducción germano-árabe. Todo el mundo hablaba bien de ella y nos gustó. Al parecer, se trata de la primera película producida en Arabia Saudí (un país donde no hay salas de cine).

Lo interesante del asunto es que es una peli hecha por una mujer (Haiffa al-Mansour), y  que trata sobre mujeres. Eso tiene su importancia, porque inevitablemente la historia muestra la situación femenina en el país de origen del islam. La narración funciona perfectamente, apoyándose en las dotes interpretativas de la protagonista, la joven debutante Reem Abdullah y en la relación madre-hija, con una hermosísima Waad Mohamed como esposa relegada. Pienso al escribir esto en la belleza de las mujeres árabes y en su condición de ciudadanas de segunda.

Ironías de la historia. En otras circunstancias, tras la descolonización del XX, la península arábiga hubiera quedado como un rincón despoblado e insignificante. Y los grandes países islámicos (Turquía, Egipto, Paquistán e Indonesia) hubieran seguido una senda imparable de occidentalización y laicismo. Pero en los pies de aquellos nómadas había petróleo: la sangre que alimenta el cuerpo del capitalismo. Y armado de dinero, el sunnismo wahhabita se ha vuelto a establecer como centro de la doctrina.

Para bien o para mal, la civilización occidental -y el capitalismo del párrafo anterior- logró separar, más o menos,  la vida pública del dogma religioso. Dogmas, lastres, ideas inventadas por pastores de hace 3.000 años, ocupando, todavía hoy, nuestras mentes.  Y afectando a las vidas de las niñas y las mujeres actuales. Lean la excelente crónica "Tetas en suelo santo" en Mi mesa cojea. La lucha que aquí se dio en los siglos XVII y XVIII y que no ha terminado, se está dando ahora en cada rincón del mundo islámico. Que Dios les (nos) ayude.