En el ajedrez contemporáneo, como deporte profesional, hay un antes y un después de Fischer. El gran Bobby cambió la manera de entender la competición de alto nivel. Devolvió al juego la popularidad que había perdido en occidente. Lo hizo interesante, televisivo, humano. No hay aspecto del juego actual que no se haya visto influido por el campeón estadounidense. En el contexto de la guerra fría, Fischer representó el papel del héroe solitario venciendo al estado soviético. De niño prodigio a campeón desaparecido. En lo que se refiere a los mitos sociales, su papel fue el del genio que vive aparte y frente a la sociedad: un Einstein más huraño y maleducado, un eremita que cada vez exige más salario por participar en los torneos. Un trastornado con el talento único y extraño que el ajedrez requiere. Así que Fischer ha dado para toneladas de libros técnicos, ensayos, películas y literatura. No exagero cuando digo que una parte importante de lo que el juego ha inspirado en los ú...