miércoles, 30 de diciembre de 2009

La fábrica de la ignorancia: la universidad del "como si".


No suelo comentar en el blog lecturas directamente relacionadas con mi trabajo; pero este libro está repleto de ideas interesantes que exceden el mero interés profesional. Obligado es reseñarlo.
El autor, experimentado profesor de humanidades, analiza desde varios puntos de vista la actual universidad española. Y sin grandes berrinches viene a decir lo que muchos pensamos, que el rey está desnudo. Es decir, que aquí todos hacemos "como si". Los alumnos hacen como que aprenden algo útil, los profesores hacen como que enseñan y como que investigan y los distintos Virreyes de esta España de virreinatos hacen como que pagan. Afortunadamente, la sociedad todavía no ha mirado dentro de la institución porque "a pesar de la alta estima que de ella solemos tener los que de ella formamos parte, para los partidos políticos, los empresarios y la mayor parte de la población, la universidad, en realidad, es bastante inocua, y además, dado su aislamiento del mundo real, es bastante mal conocida, de lo contrario no se toleraría que pudiese continuar así".
A lo largo de varios capítulos, el autor enmarca sus opiniones sobre la universidad en visiones más generales. Relaciona muchas de las características actuales de esta organización con las transformaciones ideológicas y políticas de la sociedad española del tardofranquismo y de la transición. Y tiene muchos registros, desde la historia hasta la filosofía. Su mejor hallazgo es poner nombre a las intuiciones que muchos hemos tenido: "Oligarquía y caciquismo en la universidad española" se titula, a lo Costa, la introducción. En algunos casos, me parecen bastante discutibles las vinculaciones simbólicas o ideológicas que plantea: por ejemplo, en el capítulo 1, establece una relación entre la pseudorevolución y la liberación sexual del 68 y el discurso académico dominante en las universidades españolas post LRU; pero tengo que reconocer que esas vinculaciones casi siempre son sugerentes y buenos puntos de partida para un debate en los numerosos breaks para el café que solemos hacer los que participamos en este teatro.
Muchos de los análisis se centran, precisamente, en la psicología de esos escribas modernos que venimos a ser los profesores, especialmente los profesores dedicados a la gestión: "Como (...) somos seres empalabrados, es decir, que vivimos o deberíamos vivir en el mundo del lenguaje y los discursos científicos, aquellos que dirigen las universidades (...) parecen creer en la omnipotencia del lenguaje y del pensamiento, algo que según Freud, era característico de los niños, los paranoicos y los primitivos".

Como no podía ser de otra forma, una parte del libro se dedica al estudio de una de nuestras obsesiones preferidas: la promoción dentro de la jerarquía funcionarial, basada exclusivamente en la publicación de resultados más o menos valiosos en las revistas científicas anglosajonas: "En el mundo universitario más que definir a una persona mediante la fórmula 'yo soy lo que hago o lo que he hecho' se la define mediante la fórmula alternativa 'yo soy lo que digo o lo que he dicho' . En términos literarios, podríamos traducir esta proposición por 'yo soy mi obra' que en los términos académicos actuales sería 'yo soy mi curriculum". En ese sentido, he echado de menos un mayor desarrollo de este punto o de cómo pequeñas minorías académicas se hacen con el control completo de la institución, gobernada aparentemente por procedimientos democráticos. El autor debe saber del tema, porque, al parecer ha ejercido de decano, sin embargo, no propone alternativas. Es lo que tienen los opúsculos.

Quizá la parte más interesante del librillo es la dedicada al análisis de cómo la universidad (sus profesores) ha interiorizado, paradójicamente, el discurso neoliberal dominante, hasta el punto de que se han convertido en "unos capitalistas sin capital, que defienden desde un empleo estatal la movilidad laboral y predican las virtudes del mercado libre, aspirando a crear sólo con la investigación financiada por el dinero público una red industrial privada en un país industrialmente poco desarrollado. Creando así un nuevo icono sociopolítico: el universitario redentor de su país." Puedo dar fe, estoy rodeado de toreros de salón, que serían (seríamos) incapaces de gestionar una heladería durante más de dos semanas de agosto.

Por todo ello, ya habrán deducido que el autor no es optimista al respecto del futuro de la universidad española. Según él, los profesores "viven en el seno de una disonancia cognitiva absoluta, puesto que son incapaces de representarse a sí mismos y a sus instituciones al margen de una economía de la que realmente no forman parte. Si algún día llegasen a formar parte de ella, tal como está ocurriendo en los EEUU y en tantos otros países, tendrían que comprobar que esa misma economía, a la que tanto alaban, les reserva el mismo destino que a tantos y tantos trabajadores: la reconversión o el despido." Amen.

martes, 22 de diciembre de 2009

Lucro sucio: economía para los que odian el capitalismo.


Yo de mayor, quería ser economista. Un economista de esos que se inventa sistemas de ecuaciones diferenciales para modelizar la realidad, asustar a los políticos y convencerles de que implanten la tasa Tobin. Pero me quedé en contable... Por ello, tengo el vicio de comprar cuantos libros de divulgación económica veo. Y casi siempre me engañan. El último que he comprado ha sido "Lucro sucio", de un filósofo canadiense, que seguro que fuma porros.
El libro aspira a ser una serie de refutaciones de falacias económicas "de derecha y de izquierda". Entiéndase derecha en el sentido de la tendencia hacia la máxima libertad de mercado y del capital, no al modo de la derecha española. Entiéndase izquierda en el sentido de la defensa del igualitarismo, no al modo de nuestra "izquierda". Así, el autor ataca, por ejemplo, la limitación de precios o de alquileres como "falacias de izquierda" o las ideas preconcebidas sobre la eficiencia del mercado, la inflación o los impuestos como "falacias de derecha". Pero sus argumentos se desvanecen como agua en las manos.
Hubo un momento en que me pareció que elevaba un poco el nivel. En la base de la creencia actualmente hegemónica de que el capitalismo es el sistema económico "natural" está el que las ecuaciones de oferta-demanda proporcionan en su situación de equilibrio estable la máxima eficiencia. Cuando empezó a explicar que se había demostrado que cualquier imperfección teórica (incluso la más pequeña) convierte ese equilibrio en absolutamente ineficiente, me empecé a emocionar. Pero ahí me quedé. No había más explcaciones ni debates.
Otra cosa que eché a faltar fue más razonamientos sobre el papel de las externalidades. Especialmente, las medioambientales. Heath se limita a decir que los ecologistas también son muy burros (como los liberales y socialistas) y creen en burdas falacias (como que el papel reciclado es bueno para los bosques); pero nada más.
O sea, no os preocupéis, que vuestros estereotipos, lugares comunes y prejuicios económicos e idelógicos todavía no están en peligro.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

The bank job (2008)


Ayer por la noche, fin del largo puente, para combatir las soledades, me hice un bocata de queso y longaniza y vi este DVD. Se trata de una peli que no se estrenó en España y que fue traducida en América Latina como "El gran golpe". Por ello, se confunde con la superproducción de Ratner de 2004 con Brosnan de protagonista.
"The bank job" es una peli mucho más modesta. Parece ser que está basada en un golpe que realmente tuvo lugar. Unos ladrones un poco chapuceros liderados por Statham, que le da el toque "lumpen" a la cosa, fueron capaces de robar una bonita colección de cajas de seguridad del Lloyds Bank de Baker Street. Como hay unas historietas de fotos comprometedoras de la familia real británica por en medio, aparecen el MI5 y el MI6 y la peli es bastante emocionante y está contada con cierto sentido cinematográfico.
Cuando la veía, pensaba en las aventuras que habrán tenido que pasar los agentes secretos españoles para evitar que salgan a la luz las aventuras de "caza" del campechano rey de Castilla.

martes, 1 de diciembre de 2009

El secreto de sus ojos.


A mí no me apetecía ir al cine, estaba cansado. Amparo, afortunadamente, insistió. Y vimos la que quizá es la mejor peli de la temporada.
Campanella, que tiene mucho oficio, ha montado una película muy redonda basándose en una buenísima historia del novelista Sacheri.
Se desarrollan tres tramas que van atrapando al espectador magistralmente. La primera es la investigación de un crimen ocurrido hace treinta años, una investigación que crece de acuerdo a la mejor tradición de la novela negra. La segunda es una historia de amor no realizado entre los personajes que interpretan un enorme Ricardo Darín y la hermosa Soledad Villamil. Y el tercer argumento que subyace bajo los anteriores es el lento viaje al horror y a la tragedia que la sociedad argentina emprendió en los primeros sesenta.
Las tres tramas se tejen y destejen a través de un sutil juego de espejos en el que hay emoción, violencia, miradas cómplices y miradas culpables y humor, mucho humor (formidable el funcionario alcohólico interpretado por Francella).
¿Es posible la justicia? ¿Cómo se vive cuando se pierde todo? ¿Es posible empezar de cero siempre? El mal existe, ¿existe el bien? Una peli tremenda que crece a partir de los ojos y las fotos de un personaje central: la mujer violada y asesinada, que protagoniza a través de su ausencia, de su belleza rota, un viaje a través de la memoria, sea cual sea esa cosa. El que vaya a hacer ese viaje que sepa que le quedarán en la mente y también en el corazón terribles preguntas; pero también algo parecido a la esperanza.