jueves, 27 de junio de 2013

"Bostezo": Valencia y (p)resentimiento



Se ha publicado el último número de la revista de arte y pensamiento “Bostezo”. Y una revista cultural en formato papel que llega a los ocho números en estos tiempos del todo gratis es algo a tener en cuenta. “Bostezo” ofrece una maquetación cuidada, un sutil equilibrio entre contenidos (política, economía, poesía, literatura, arte) y varias secciones fijas: “Batiscafo”, su suplemento literario, “Bostezo visual” y la recién inaugurada “El Bostezo del futuro”, un noticiario absurdo fechado en 2042.

“Bostezo” hace números más o menos monográficos. Este último lleva el título “Valencia y (p)resentimiento”. Ahí es nada. La catástrofe social y política ocurrida en esta tierra necesita explicaciones, razonamientos,  que vayan más allá de las guillotinas. Al fin y al cabo, hemos sido nosotros los que les hemos votado durante todos estos años. Hemos sido nosotros los que nos hemos desindustrializado. Hemos sido nosotros los que hemos permitido que toda esta vergüenza ocurriera. Del número 8 de “Bostezo”, me gusta especialmente “Politípoly” de Nacho Moreno, y “Ajoblanco 76”, de Pau Rausell, con el que tuve algo de contacto por razones profesionales. Trae también una interesante entrevista (en castellano) a Joan Francesc Mira. 

Lo más flojillo es mi colaboración con una breve reseña del último libro de Josep Vicent Boira “Valencia, la tormenta perfecta”. Quitando esto, lo demás está muy bien,  vayan a comprarse la revista ya.

martes, 25 de junio de 2013

Mi encuentro con Marilou (Bienvenue parmi nous)



En “El mito de Sísifo”, Camus sintetiza lo absurdo de la existencia humana: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio.” Bonita frase para adolescentes. En cuanto empezó la peli, esa frase empezó a rondar por mi cabeza. Y no porque fuera tarde. Ni porque fuera una peli francesa autocomplaciente y lenta. Ni tampoco porque el francés rápido y entrecortado no se entendía sin subtítulos. Sino porque todas las pistas que nos va dando la historia de ese pintor deprimido y triste conducen hacia ese supremo acto final de libertad. “Y el último cartucho lo guardó en el paladar”, canta el grupo aragonés Ixo Rai en la historia de Francho Blas.

La peli tiene un buen comienzo. Pero cuando se va a meter el tiro, aparece una linda morenita y al viejo le entra la ilusión por vivir. Y todo se desdibuja. Demasiado predecible, y por tanto, demasiado increíble. Es la vieja historia de la pareja improbable y del sentido de las cosas, y de la vida que encuentra, a pesar de todo, su camino. La lucha por algo, la razón para seguir viviendo. Pero para esa clase de historias, prefiero “The visitor”.Aunque solo sea porque el título en ejpañó era un poco más digno.

jueves, 20 de junio de 2013

Informe mongolia: "Papel Mojado"

Ya reseñamos aquí la revista Mongolia. Se trata de una publicación mensual en formato grande, de edición cuidada, con parodia y un humor político que juega constantemente con lo absurdo. Se podría pensar que no tiene mucho mérito,  ya que si algo caracteriza a este Fin de régime es la ruptura de todas las reglas, incluyendo las de la lógica.

Mongolia trae todos los meses una sección titulada Reality news, con el aleccionador aviso: "Si se ríe a partir de aquí, es cosa suya". Este libro de la editorial Debate recopila y reelabora varias entregas que han salido en esa sección acerca de la crisis de la prensa tradicional española. Concretamente de cuatro medios: "El País", "El Mundo", "La Vanguardia" y "Público" (QEPD). Y los tipos saben de lo que hablan, ya que varios miembros de la redacción de Mongolia proceden de este último periódico. O sea, que hay algo de resentimiento flotando en el ambiente (y supongo que sueldos sin cobrar).

La tesis general que sostiene el informe es que la prensa escrita tradicional se endeudó durante la borrachera y que la resaca se ha llevado por delante a la poca independencia que les quedaba. Eso parece válido para "El País" que es propiedad de los bancos españoles y de un fondo de inversión y para  "El Mundo", propiedad de los bancos italianos. Repiten muchas veces lo del sueldo infame del Cebrián, ese tipo tan listo y que manda tanto. Sobre "La Vanguardia" cuentan cómo, con abundantes representantes de la derecha española en su Consejo de administración, se ha convertido paradójicamente en uno de los impulsores de la ola independentista. De "Público", se quejan amargamente de que cerró cuando iba a dar beneficios. Es decir, cuchilladas dentro de un gremio de navajeros y bastantes verdades. Pero pocos conceptos generales que no se supieran. Para que este reino siga pareciendo una democracia, los medios tienen que seguir pareciendo libres, aunque sus dueños sean los mismos que los de los partidos monárquicos. Y me alegro que Mongolia siga existiendo.

miércoles, 19 de junio de 2013

Barbara

En los primeros 70, mis tíos hicieron un largo viaje por Alemania y los países nórdicos. Se me hace difícil imaginar a unos españoles de clase media circulando en aquellos tiempos por países donde los únicos compatriotas eran los de la movilidad laboral exterior, tal y como diría la actual menistra de trabajo, la que nunca ha trabajado. Aquel viaje les dejó honda huella.  Y a través ellos, a mi. Recuerdo a mi difunto tío hablándome de las solitarias calles del Berlín oriental, del muro, de las torretas, de los disparos que oyeron una noche. Supongo que en su percepción se mezclaba el aprendido rechazo por el comunismo con cierta admiración por la fuerza y la brutalidad de los regímenes dictatoriales, como la RDA, el nazismo o la España de Franco: esa anomalía histórica de la que procedían. Para el sobrino que le escuchaba embelesado, todo aquello no eran más que historias bélicas.

Así que siempre que veo o leo algo sobre la Alemania oriental, recuerdo aquellas historias. La peli trata de una doctora que ha sido trasladada a un ambulatorio de provincias, como represalia política. Hay cierta emoción porque la chica quiere escaparse del paraíso, mientras los de la Stasi la vigilan y la molestan. El jefe del hospital, un tipo brillante y muy majete, hace lo que puede por ayudarle. Y por acostarse con ella, supongo. Con todo, la cosa queda más bien planita y lenta. Cinematográficamente, está muy por debajo de "La vida de los otros".

Después del proceso de reunificación, en Alemania se hizo un esfuerzo enorme de recuperación de la memoria histórica. Cualquier ciudadano alemán puede enterarse de lo que los archivos de la antigua RDA guardan: nombres de vigilados, de torturados y de torturadores. Hay perdón; pero no hay olvido. Pienso con tristeza que un ciudadano español no podría hacer lo mismo.

lunes, 3 de junio de 2013

La cocinera del presidente (Les saveurs du Palais).



Nos decepcionó esta peli y eso que fuimos adrede a la sesión golfa de los D'Or. Podría haber sido un homenaje visual a una de las facetas más brillantes de la cultura francesa: su cocina. Podría haber funcionado como metáfora de la gran política y de la pequeña política: las cuchilladas dentro del Elíseo o entre ocupantes de la Moncloa: es decir, el celebérrimo "Agáchate, que vienen los nuestros", de Pío Cabanillas padre. Podría haber tratado con más profundidad el cambio que supone para la protagonista ir a París desde su Périgord rural. Francia, Francia, el país más hermoso de Europa, a pesar de París, a pesar de los franceses. Pero no hay casi nada de eso en la peli. Después de un buen comienzo, se pierde en vueltas y revueltas. Y no me creo a la protagonista Frot. Todo el mundo sabe que los buenos cocineros son gordos y borrachos y llevan la camiseta sucia. Casi me duermo en el cine, soñando con pulardas rellenas de trufa, recordando con placer los vinos y los quesos que probamos cuando remontábamos el Loira a golpe de pedal. Los Íñigo, Paco y yo. Y Francia, ubre inagotable en nuestras insaciables bocas ciclistas.

Las buenas gentes de nuestras aldeas sin pulardas ni quesos, se piensan que la monarquía, y sus chanchullos de varios tenedores, nos sobran por caros. No. Cualquier presidencia de la república es más cara, como muestra  la peli. El campechano rey de Castilla, y sus hijas las tontas, y sus yernos los listos, son baratos. Pero nos sobran comparados con los presidentes republicanos, simplemente, porque el tiempo pasa. Y se acabó la edad media. Para bien y para mal. Y algún día, no habrá reyes ni duques, igual que se  prohibió  la esclavitud o se permitió la libertad de credos. Porque, como escribió Neruda, la primavera es inexorable.