jueves, 25 de diciembre de 2008

La habitación de Fermat


Estas películas las hacen para gente como yo. Somos los que en algún momento oscuro de la adolescencia, quedamos impresionados por las matemáticas; pero la pereza o la falta de talento nos hizo conformarnos con las obras de divulgación o con los pequeños juegos matemáticos. Los que nos quedamos a las puertas de la belleza pura. Los que acabamos corriendo en kart, cuando se puede correr en bólido, los que bebemos mistela, pudiendo beber absenta. Los aficionados ¡qué terrible palabra!
Y por ello, siempre quedaremos insatisfechos por cualquier producto de esta clase, porque estamos insatisfechos con nosotros mismos. Veía los enigmas que les iban poniendo a los protagonistas y me parecían pueriles; pero al mismo tiempo, me llamaban la atención. Escuchaba que uno de ellos había demostrado la Conjetura de Goldbach y me meaba de la risa; pero en el fondo, sentía que lo hubiera dado todo por ser yo el que alguna vez demostrara la Conjetura (si es que eso es posible), por ser el nuevo Wiles. Porque si alguna clase de inmortalidad ha sido concedida a la raza humana, tiene que ser esa. Comprender el orden puro de los números y sus relaciones. La llave última. Lo que subyace entre el caos. Esa paz geométrica e indestructible que hay en el seno de todas las cosas.
Y aunque la peli es cinematográficamente muy flojica, me gustó. Me atrapó desde el principio y les perdoné los trucos facilones y la linealidad cansina del argumento. Trata de unos matemáticos sui generis a los que encierran en una habitación. Resuelven problemillas contra reloj. Hay un suspense teatral tipo "diez negritos" que empieza en el impresionante paraje de Saú (uno de los pueblos pirenaicos inundados por las aguas del desarrollismo y que uno de los personajes, el más idiota, llama "laguna"). Hay algunos guiños Hitchcockianos y un poco de sorpresa final. Quizá sólo falta un polvo. Con algo de suerte, le venderán la idea a Hollywood y podremos ver a alguna estrella de Hollywood diciendo que "Todo número par es la suma de dos números primos"; y añadiendo, con sobreactuación, que un solo contraejemplo desmontaría cruelmente la conjetura.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Wall-e

Como tantos otros, yo estaba convencido de que todos los buenos guionistas norteamericanos se habían ido a las series y que no quedaba ninguno haciendo historias para las pelis. De ahí, el lamentable nivel de los argumentos que nos llegan desde el centro del Imperio. Sin embargo, el otro día descubrí que no toda la imaginación estaba en las series, algo se ha ido a las películas de dibujos animados.Me saqué  del vídeo club Wall-e, una de las últimas producciones de Disney & Pixar. Me senté a ver cómo presumían de lo que son capaces de hacer con el ordenador. Pero cuando empieza de verdad la historia, en la soledad de mi casa, sentí que estaba delante de una obra maestra, de un clásico. Al menos durante los primeros 40 minutos. Me emocioné. Trata de un robot recogedor de basura, en una Tierra cubierta de deshechos, en la que ya no viven seres humanos. El pequeño Wall-e sigue una rutina diaria (usa energía solar) y siguiendo su programación, empaqueta  incansable y eternamente, pequeños montoncitos de basura, que llegan a formar estructuras visibles desde el aire. Por las noches, descansa y se protege de las tormentas del desierto, en un pequeño contenedor, rodeado de cochambrosos recuerdos de la civilización humana que lo creó y que, con su cegera, se destruyó a sí misma. Melancolía, referencias cruzadas, la magia del cine, la soledad extrema, la catástrofe medioambiental, me pareció sobrecogedor. No pude evitar verlo varias veces. Y no pude evitar pensar que nos dirigimos a toda velocidad hacia eso.Luego, la peli sigue por caminos más previsibles: aparece una robota, sofisticada y mágica, de la que Wall-e se enamora. Ha sido enviada desde la nave en la que los humanos esperan para poder regresar a su hogar. Por supuesto, hay robots payasos, robots malos, americanos obesos, aventura clasica modelo "me cuelo en la estrella de la muerte" y final feliz. El concepto de la nave-isla que vaga por el espacio, como último refugio de la raza humana, ha sido muy usado en la ciencia-ficción. Quizá por tratarse de dibujos animados para niños, me vino a la memoria una vieja serie española de cómics con la misma idea motriz: los náufragos del espacio, los herederos, los últimos. La serie, inclasificable y profundamente kisch, me gustaba mucho cuando era un crío y cambiaba tebeos en el mercadillo era "La saga de los Aznar".

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Cerdos y margaritas, de Nancho Novo.


El sábado fuimos al teatro "El Musical", en el valencianísimo barrio de El Cabanyal-Canyamelar. "El Musical" fue uno de los lujosos proyectos que llevó a cabo el ayuntamiento de la ciudad para intentar compensar el proceso de degradación del barrio, en parte auspiciado por el propio ayuntamiento. Se trata de un edificio moderno y funcional, hormigón combinado con madera. Mantiene la fachada del teatro antiguo y comparte con la iglesia del Rosario la plaza homónima, donde los miembros de viejas minorías desfavorecidas toman el sol y descansan de sus quehaceres.
Vimos un monólogo "one man show" del cómico y actor Nancho Novo titulado "Flores y cerdos". Hubo cola, se llenó el teatro y había jolgorio y buen ambiente y es que era gratis con el carné de la universidad. Muchos estudiantes acudieron al teatro como solución de continuidad entre el estudio de la tarde y el botellón de la noche. Así que el artista lo tenía todo a su favor y supo poner al público inmediatamente de su parte. No suelo ver los mónologos de la tele; pero me da la impresión de que se ciñó bastante a los cánones del "género": complicidad, algún exabrupto y chistes previsibles. Risas, sonrisas y aplausos.
A pesar de que el discurso general era bastante manido y facilón: las relaciones de pareja, los cuernos, los políticos, el odio y un poquito de moralina, me gustó mucho la actuación . Novo, con el efectivo contrapunto del pianista, nos manipuló cuanto quiso, nos llevó de un tema al otro, demostró agilidad y gracia, tablas, talento y el tiempo se nos pasó volando. Hay que ensayar mucho para que todo parezca tan espontáneo. Me impresionó mucho el uso que hizo de varios poemas clásicos y es que el tipo sabía lo que hacía. En especial, me emocionó el recitado del clásico soneto de su paisano, el poeta gallego "Lope de Veiga":
"Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro claro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor y quien lo probó lo sabe."

Fue una vuelta a la adolescencia brutal y divertida.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

La escarcha sobre los hombros.


He pasado el largo fin de semana de la inmaculada Constitución en el pueblo. Y contemplando la lluvia molesta y cruel y las sierras pardas, me vino a la mente este relato breve, que hace algunos años leí con placer y asombro. Supongo que entonces pensé que era un tipo de literatura naturalista y evocadora de la que Aragón, a diferencia de otros pueblos, había carecido durante demasiado tiempo.
Ya comenté en este blog otra obra de Lorenzo Mediano de tema aragonés: "Donde duermen las aguas". Ambas novelas son rudimentarias, lineales, mal acabadas y honestas, como los dibujos de un niño. Ambas están ambientadas en la imaginaria aldea pirenaica de Biescas de Obago. Pero "La escarcha sobre los hombros" transcurre en un tiempo más antiguo, no muy bien definido, quizá en las primeras décadas del siglo XX, cuando todavía no habían llegado al Pirineo aragonés las grandes obras hidráulicas, la despoblación, los senderistas guipuzcoanos o los esquiadores madrileños. Un maestro honrado y hambriento nos cuenta la vida del principal protagonista: Ramón, de casa Badiello, un humilde pastor que se enfrenta a los ricos del pueblo ("los herederos") y triunfa gracias a su fuerza, a su inteligencia y a su tesón. Ya se ve que el argumento no da para mucho; pero quizá sin pretenderlo, entronca con el personaje literiario aragonés por excelencia, el Pedro Saputo de Foz, capaz de sobreponerse a todo y a todos. Afortunadamente, el autor no intenta recrear una Arcadia premoderna e ideal; pero es capaz de captar la dureza de la vida en las montañas aragonesas. Nos presenta a unos montañeses fuertes, celosos y egoístas, que tienen que luchar por la supervivencia a cada momento. Ese mundo de cumbres nevadas y vírgenes, de antiguas creencias paganas y de hombres silenciosos y tenaces como las piedras, nos puede resultar evocador a los aragoneses de hoy; afortunadamente, ya solo existe en las novelas.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Enemigo público.


Vimos en el canal temático AXN esta película de finales de los 90. se trata de un thriller típico de Tony Scott: entretenido, caro, rápido, desordenado y vacío. Son unos tipos muy malvados de la Agencia de Seguridad Nacional, que aprovechan los fabulosos medios tecnológicos de los que disponen para molestar a un honesto abogado (perdonen el oxímoron). El argumento no tiene demasiada lógica ni la peli demasiadas pretensiones; pero los dos protagonistas (Will Smith y Gene Hackman) son solventes.
La peli sirve para plantear el viejo debate acerca de la salvaguarda de la intimidad y del poder de los gobiernos (especialmente del norteamericano) para controlar las comunicaciones. De hecho, el título original es "Enemy of the state", que no es exactamente "enemigo público". "Bienvenido al mundo feliz de Huxley" le dice Hackman a un incrédulo Smith. La mayor parte de la población no sabe nada de la vigilancia a la que están sometidas nuestras llamadas de teléfono y nuestros correos electrónicos, a pesar de la investigación del parlamento europeo (2001) sobre Echelon. Quizá, como demuestra el libro "Libertad vigilada" de García Mostazo o asegura Hackman, ya estamos en "1984". El sistema es capaz de identificar los correos electrónicos de Txeroki; pero también de destapar y reventar las ofertas de las empresas no anglosajonas o de investigar a los adversarios políticos. Así que con el ingenuo deseo de ayudar a sobrecargar el motor de búsqueda del monstruo, ahí van unas cuantas palabras claves: izquierda, presidente, democracia, revolución, Dios, bomba, Darwin, solidaridad, aeropuerto, amor...

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Aquí no puede ocurrir. El nuevo espíritu del capitalismo.


El otro día me llegó un correo electrónico citando un artículo de 1998 del célebre Arturo Pérez Reverte (no confundir con los escritores Jorge Martínez Reverte o Javier Reverte). Aunque Arturo Pérez Reverte no sea santo de mi devoción, hay que reconocerle que ha encontrado un tono que gusta (y vende). El artículo, titulado "Los amos del mundo" dice cosas como: "Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden. No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro." En este sentido, el que lanzó el correo a la red, lo título "profético"
Por supuesto, no sólo Pérez Reverte previó que más pronto o más tarde, nos caería encima una crisis de tipo sistémico. Me viene a la memoria el libro "Aquí no puede ocurrir. El nuevo espírito del capitalismo" del hombre-Prisa Joaquín Estefanía. En el libro, Estefanía parte de las devastadoras crisis asiática y latinoamericana de finales de los 90 para mostrar como la interconexión entre las economías, a través de un mercado financiero desregulado, produjo una verdadera catástrofe en la economía real. Durante la última década, el discurso dominante en Europa y en Estados Unidos ha sido que estábamos a salvo de esas crisis periódicas del capitalismo. Que la historia había acabado y que una eterna etapa de prosperidad, superproducción y superconsumismo nos esperaba. Estefanía avisaba en este libro, de manera documentada y amena, que no era así y que además, las recetas económicas neoliberales que aplicaba el FMI empeoraron la situación en aquellas crisis. Parece que los hechos le están dando la razón en muchos aspectos.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Versiones de la historia.


"El Mundo" está vendiendo una colección de libros y documentales titulada "El camino de la libertad (1978-2008)", sobre la historia española contemporánea. La autora principal es la periodista Victoria Prego, que se ha ido convertido en la narradora por excelencia de la versión ortodoxa de la transición. La otra noche, vi el primer documental de la serie, titulado "Nace la constitución. 1977-1978" que, por supuesto no se aleja ni un milimetro del guión establecido. Ese guión es cómodo para los distintos poderes y consolador para la mayor parte de los españoles, que así se ven protagonistas de una transición luminosa y "ejemplar". En los manuales que estudiarán los niños del futuro, se resaltará el espíritu de concordia, el decidido protagonismo del Borbón a favor de la "democratización", el "destape" y el Mundial de fútbol del 82. Todo muy bonito. Por desgracia, la historia nunca es tan lineal ni sencillita como se relata en esta clase de documentales y la llamada "transición" estuvo tan llena de lagunas y de sombras que, a menudo, uno se pregunta por lo de aquello de que "todo quedaba atado y bien atado" y hasta qué punto el proceso fue una "estabilización" más que una "normalización".
Con todo, algunas imágenes del documental me conmovieron e impresionaron: la gente votando en el referendum que ratificó el proyecto constitucional en la mayor parte de España, las manifestaciones en Valencia y su cosecha de cuatribarradas que la violencia de extrema derecha se encargaría de marchitar, la inflación del 30%, las cargas policiales en los San Fermines del 78, la primera publicidad de teles en color, el "Canto a la libertad" de Labordeta a modo de banda sonora, las primeras palabras de Tarradellas desde el balcón de la Plaza de Sant Jaume, los mítines de Fraga y de Blas Piñar, y mi admirado Ernest Lluch con su pinta de profesor despistado, como jovencísimo diputado del PSOE (¿quién iba a predecir entonces su terrible final?).
Si uno quiere formar una opinión un poco más profunda de aquellos años, en lugar de los documentales de la Prego, me parecen más recomendables algunos libros no tan edulcorados. Me vienen a la memoria "Por Dios, por la Patria y el Rey" de Pablo Castellano (Ediciones Temas de Hoy), "Los años oscuros de la transición española" de Pons Prades (Belacqva) y "25 años sin constitución" de Navarro Estevan (Foca).
Cualquiera que haya estudiado ecuaciones diferenciales, sabe que las soluciones o los equilibrios a los que llega una ecuación dependen tanto de su forma como de las condiciones de contorno o condiciones iniciales. Las condiciones iniciales de la situación actual de España fueron fijadas en aquellos difíciles y violentos. Los representantes de la voluntad popular, recibieron continuas presiones de diversos lados, especialmente de los sectores más reaccionarios del ejército. Eso dió lugar a una transición "controlada" que devino en un régimen con diversas anomalías, que todavía lo lastran (el desequilibrio territorial en temas fiscales, un sistema electoral que favorece a los dos grandes partidos y al PNV, la existencia de tribunales de excepción, el mantenimiento de los privilegios económicos de los Franco, la preponderancia de la Iglesia Católica en diversos ámbitos, una ley de punto final tanto para los crímenes de lesa humanidad como para la delincuencia económica, etc.). Con todo, quizá fuera el único equilibrio posible de la ecuación. Y ya se sabe que las ecuaciones no son ni buenas ni malas, son solo números, números...

martes, 18 de noviembre de 2008

Identidades asesinas. Amin Maalouf.


El otro día oía a un compañero de trabajo hablar del concepto de "cultura". Cultura en el sentido amplio de conocimientos, de tecnología, de manera de vivir, de identidad. Mi compañero, obviamente, manejaba los arquetipos y clichés habituales al respecto: el cristianismo como uno de los componentes de la cultura occidental, la ciencia, los derechos humanos, lo positivo y negativo de la multiculturalidad, los recién llegados con otra religión y otras costumbres. Por mi parte, coincidía en algunos puntos con él y divergía en otros. Y es que no damos para mucho. El etnocentrismo nos sale por las orejas.
Entonces me vino a la memoria este libro, de pocas páginas; pero cuya lectura resulta imprescindible para entender algo acerca de las identidades personales y las identidades colectivas. Y su necesidad, y el peligro que conllevan. Y Maalouf sabe de lo que habla: cristiano libanés de lengua francesa y exiliado en 1975, buen conocedor de la cultura y el mundo árabe y sus fantasmas y miedos, y también de los nuestros.
Fue el siguiente párrafo, que oí en la radio, el que me hizo comprar y devorar "Identidades asesinas". El fragmento empieza analizando la reacción francesa ante la globalización cultural y la "modernización":
"Si he puesto este ejemplo (Francia) es porque revela, a mi juicio, de qué manera, incluso en Occidente, incluso en un país desarrollado, con una cultura abierta y universalmente respetada, la modernización se hace sospechosa desde el momento en que se percibe como el caballo de Troya de una cultura extranjera dominante.
Es fácil imaginar entonces, a fortiori, lo que han podido sentir los diversos pueblos no occidentales para los que, desde hace ya muchas generaciones, cada paso que dan en su existencia está acompañado por un sentimiento de capitulación y de negación de sí mismos. Han tenido que reconocer que su técnica estaba superada, que todo lo que producían no valía nada en comparación con lo que se producía en Occidente, que seguir practicando la medicina tradicional era una muestra de superstición, que su poderío militar no era más que un recuerdo del pasado, que sus grandes hombres, a los que habían aprendido a venerar, los grandes poetas, los sabios, los soldados, los santos, los viajeros, no significaban nada para el resto del mundo; que su religión era sospechosa de barbarie, que sólo unos cuantos especialistas estudiaban su lengua. Cuando hablan con un occidental es siempre en la lengua de él, nunca en la suya propia; en el sur y en el este del Mediterráneo, hay millones de personas que saben inglés, francés, español o italiano. En la otra orilla, ¿ a cuántos ingleses, franceses, españoles o italianos les ha parecido útil estudiar árabe o turco?"

jueves, 13 de noviembre de 2008

Asterix y los vikingos.


Los cómics de la generación que nos precedió fueron "El Guerrero del Antifaz", "El capitán Trueno" y "Roberto Alcázar", autárquicos, militarizados, españolísimos, limitaditos y evidentemente, homosexuales. Los cómics de nuestra generación ya fueron más cosmopolitas y presentables. De Estados Unidos nos llegaban los superhéroes Marvel y de la lejana Europa, Tintín y Asterix. Aunque la sexualidad de estos últimos tampoco ha estado clara nunca. A mí, me gustaba más Asterix. Supongo que prefería la historia antigua a la historia contemporánea y lo coral a lo individual. Así que cuando iba a la biblioteca, buscaba afanosamente las aventuras de los galos. Y el otro día, me saqué del vídeo club esta adaptación en dibujos animados. Y me gustó mucho, claro, como cuando era un crío.
Creo que la peli logra captar algo de ese arte que rezumaba el cómic ¡Qué placer esos dibujos de línea estilizada y esos colores puros! ¡Esos bosques donde los druidas buscaban el muérdago! ¡Ese Canal de la Mancha donde se hundía un barco pirata dos veces al mes! ¡Y que deliciosos estaban los jabalís!
Mientras la veía, no podía evitar acordarme de la frase con la que Juaristi empieza el capítulo dedicado a los celtas y al celtismo en su libro "El bosque originario": "Durante siglos, celta significó francés". Y Asterix y Obelix han sido lo francés, lo muy francés. Todas las historias originales de Goscinny y Uderzo reflejaban ese intenso sentimiento de superioridad con el que los franceses miraban y miran al resto del mundo desde el formidable edificio de su Estado-Nación (del que la aldea gala es una metáfora inocente y coloreada). Ya lo decía el viejo Benedetti en "Grietas" (que separan):"a agnósticos y monaguillos, a inmortales y suicidas, a franceses y no franceses ". En cada historia, Asterix y su amiguete Obelix (que, en el fondo, es mucho más inteligente) visitan algún lugar del mundo antiguo (Hispania, Egipto, Germania, etc.) y civilizan a los anfitriones a hostias. Lo galo es lo francés y es lo normal y es lo deseable. O al menos, es lo que nos contaron.
En "Asterix y los vikingos", se imponen a los hombres del norte, que son representados como guerreros crueles y poderosos. En la peli de dibujos animados se toman la libertad de desplazar a Asterix y a Obelix a ese país lejano en dirección a la estrella polar, de donde se supone que proceden esos gigantes sin miedo. Y la aventura transcurre en una Islandia imaginaria y helada. Y nuestros civilizados y romanizados héroes, con un poquito de doping, les dan su merecido a esos bárbaros. Y es que la grandeur es la grandeur.
Las ironías de la historia han hecho que Asterix y Obelix, tan correctamente franceses, procedan de lo que actualmente es Bretaña, una de las varias regiones de Francia donde no se habla francés, donde mucha gente no se siente francesa. Y es que la geografía y la historia está llena de curvas y paradojas, en forma de aldeas que resisten ahora y siempre al invasor, aunque ya no haya pociones mágicas ni héroes de rojos bigotes...

martes, 11 de noviembre de 2008

Glengarry, Glen Ros.


Tengo un puñado de amigos que trabajan como comerciales. Algunos son meros vendedores, otros "consejeros de ventas" y otros, jefes de delegación. Su trabajo no es fácil. Y más, en esta época de bancarrotas, de parálisis, de impagados y de insolvencias. Para justificarme, puedo decirme a mí mismo que ellos, con menos formación, ganaban más dinero que yo en los años en los que la pirámide crecía. Porque todo esto es un sistema piramidal, un gran engaño, un timo monumental y fastuoso, digan lo que diga Prisa, los de "El Inmundo" y los socialdemocrátas. Y me puedo decir a mí mismo que cuando a mis amigos las cosas les iban bien, sus viernes eran días divertidos de largos almuerzos, gin tonics y pubs donde celebrar sus comisiones. Y mis viernes eran días grises de tutorías y asignaturas de libre elección que nunca pude elegir. Sin embargo, en el fondo de mis once dioptrías, sé que yo no tendría agallas para salir cada mañana y para convencer a un cliente de gastarse todos sus ahorros y no tendría la gracia para invitar a comer a otro cliente, y para merendar con otro y para encontrar una dirección confusa en un polígono industrial mal urbanizado y para aparcar un coche en el centro de una ciudad caótica y para reclamar a otro cliente, con malos modos, lo que no ha pagado. Yo no valdría. Yo estoy muy a gusto en mi gran silla, con mi gran culo sobre ella. Yo soy un intelectural. Es decir, vivo del aceite que derraman esos comerciales cuando encienden las lámparas del templo. Porque el templo siempre tiene que estar iluminado.
Esta peli nos presenta a una delegación comercial en plena guerra interna. Se trata de la adaptación de la obra de teatro de David Mamet, puesta en manos de un reparto impresionante: Al Pacino, Harris, Arkin y especialmente Lemmon son los comerciales. Venden suelo en Florida, o hipotecas al negro de Alabama con camiseta sin mangas. Es lo mismo, vendan lo que vendan. La cuestión es ganarse sus comisiones, competir, gesticular, mentir, sufrir, triunfar y acabar las noches on the rocks. Los aguijonean Spacey y Baldwin. James Foley, el director, no se podrá quejar de actores. Lo que se ahorraron en decorados, se lo gastaron en cachés.
La historia es limitadita y sencilla pero permite percibir la angustia del que no llega a los objetivos, del que no convence, del que no gana en esta absurda batalla sin final. Capitalismo en estado puro. Engaña o revienta. Para pagarte tus vicios o el hospital de tu hija. La máquina no puede parar y hay que vender. Y los que no vendan, quedarán fuera, serán expulsados de nuestro paraíso brutal y desmesurado. ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Para qué tanta pasión, tanto sudor, tantas palabras, tanta actuación, tanto esfuerzo?

sábado, 8 de noviembre de 2008

Todos los hombres del rey.


Los medios de comunicación nos han mantenido puntualmente desinformados de las elecciones presidenciales norteamericanas. Y creo que casi toda la población mundial se congratula de la victoria de Obama y del fin de la presidencia de Bush III, el último del trío de las Azores. Con el crack financiero, y con un candidato tan lindo era imposible que los democrátas no barrieran. No ha existido la posibilidad del pucherazo del 2000. Además, Obama ha ido derechizando su discurso para que no le pegaran un tiro. El futuro presidente se va a encontrar un panorama desolador: el déficit presupuestario norteamericano, las tres o cuatro guerras en marcha, la bomba de Irán, la recesión, etc. Le van a salir canas.
Así que para entender algo más de todo esto y hacer la digestión de la cena del viernes, me busqué una peli sobre política norteamericana. ¿Y qué mejor que una de Zaillian (autor de la hermosísima "En busca de Bobby Fischer")? La película es un remake basado en una novela de R.P. Warren. La historia, que toma el título de la famosa frase de Lewis Carroll, se basa en la vida del gobernador de Luisiana Heuy Long (1852-1936). Long fue un rara avis en la política norteamericana. Su discurso se aproximaba a lo que en Europa entenderíamos por socialdemocracia: se enfrentó a la Standard Oil, promovió grandes obras públicas y sistemas de seguridad social. Se le acusó de demagogo y de corrupto. Fue el contrapunto extremista de Roosevelt. Al final murió en un atentado. Nada nuevo bajo el sol de Nueva Orleans.
Sean Penn interpreta a este gobernador de verbo inflamado e intenciones retorcidas. Impresionantes los mítines, especialmente el que suelta a bordo de una barca en una ciénaga. El peso de la peli recae sobre el guapetón de Jude Law, uno de los "fontaneros" del aparato. Sus trabajos paralelos para el gobernador le conducen a revolver el pasado de su propia familia, de clase alta sureña, sofisticada y conservadora. "Le llamáis chanchullo cuando él que lo hace no sabe usar el tenedor". Hopkins y Clarkson hacen de secundarios de lujo. Para mi gusto, esa parte de la peli ocupa demasiado, a costa de la discusión política que implica la aparición de personajes como el gobernador Long. Democracia y demagogia, corrupción y eficiencia, poder económico y poder político: viejos debates que ya se suscitaron en las democracias griegas.

jueves, 6 de noviembre de 2008

“Collapse”. Jared Diamond. (2005)


A colleague, though a friend, lent it to me. Two years ago, I read in Spanish “El tercer chimpancé”, about anthropology, by the same author. At that time, I thought Diamond was a very educated writer. But now, I am even more impressed because the matters described in “Collapse” come from very different fields of Science. It is a real pleasure to read this kind of Renaissance work nowadays, at the time of blind specialisation.
The book is about some old and modern societies and civilizations. It is focused on the important question “Why some societies survived and other collapsed?” Obviously, it is a clever way of asking “Is our civilization going to survive or fail?”
Diamond explains that societal collapses usually involve an important environmental component, climate changes, hostile neighbours and other minor factors. Each society gave different responses to those problems. He chooses civilizations from different ages and places, surrounded by different environmental conditions, and with different degrees of knowledge and technology.
He considers isolated and underdeveloped societies as the Easter Island or the Norse colonies in the North Atlantic. But he also describes advanced societies, proud of their development, as contemporary China or old Maya civilization. Many of them collapsed at their growth peak.
Nowadays, we see ourselves as the omnipotent protagonists of the History of Human Race, as old Mayas saw themselves, but our lonely planet seems dangerously similar to fragile Easter Island, in the middle of South Pacific, and our modern buildings maybe will have the same posthumous meaning as the Moai have.

martes, 4 de noviembre de 2008

"Testigo de cargo" (Willy Wilder, 1957)


Anoche vi en DVD este viejo supense judicial. Lo vi con cariño, con simpatía. Y lo disfruté mucho. Y es que los clásicos son los clásicos. Por supuesto, está lejos de las obras maestras de Wilder; pero la historia está bien filmada, bien ordenada y bien contada, sin esquinas que se puedan oxidar ni baches donde uno se pueda tropezar.
Creo que es una adaptación de una obra de teatro de Agatha Chrisitie, sencillita y apañada, con un final fácil de adivinar.
El gran Laughton aporta el lado cómico con sus vicios de abogado resabido y gordo "Señorita Plimsoll, si usted fuera una mujer la azotaría ahora mismo". Y la Dietrich llena la pantalla cada vez que sale. Impresionaría aunque fuera la narradora de un documental sobre el parlamento sueco. Por supuesto, Tyron Power y su cara de tonto encantador no le hacen ni sombra. Incluso me atrevo a decir que el desgarro y el misterio de la Dietrich quedan un poco desubicados en las acolchadas salas de los tribunales británicos, donde se juzgan casos de asesinato y testifican los mayordomos.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Pozos de ambición.


Quizá no vimos "Pozos de ambición" en las condiciones más adecuadas. La compramos en Ono y la pantalla de la tele no permitía apreciar la fotografía que han ensalzado algunas críticas. Hacía frío y estábamos rebujaditos en el sofá. Un excelente Ribera del Duero "Abadía de Montrús" nos calentaba el alma y nos adormecía. Así que los 150 minutos de peli se nos hicieron largos, largos. Sobraba al menos, una hora de película. Fuera, se oía el viento del norte.
Me gustó el principio, la épica de los primeros prospectores, la peligrosidad del trabajo, esos desolados paisajes norteamericanos, donde solo la muerte parece tener sitio. Nos llamaron la atención los largos fragmentos de la historia en los que nada se dice, ninguna palabra se pronuncia. Casi no aparecen mujeres. Es decir, no hay lenguaje, no hay cariño. Solo ambición, sudor, suciedad. Bienvenidos al capitalismo, por mucho que la "socialdemocracia" actual venga en su ayuda. Incluso, creo que el trabajo de Day-Lewis está bien. En algunos sitios, he leído que sobreactúa; pero es difícil encontrar el tono adecuado para un personaje tan duro y tan brutal como el que interpreta. Pero a mitad de la película, todo me empezó a sonar repetido, pesado, aburrido. Y me empecé a liar con los personajes: sobre todo me confundió el cura fanático interpretado por Dano, que aunque es un gran actor (véase la imprescindible "Pequeña Miss Sunshine") es demasiado joven para el personaje. Si lo que pretendían era hacer una alegoría del desarrollo capitalista de los Estados Unidos, reflejados en el hombre hecho a sí mismo y en la enorme influencia de las sectas protestantes en el poder, han profundizado poco. Y si se trataba de la historia de las soledades del empresario todopoderoso, al que mueve un odio extraño hacia todo y hacia todos, incluido su propio hijo, se han quedado cortos. Como me comentó mi novia, para eso ya está "Ciudadano Kane".
Aquella noche, no soñamos con la película.

domingo, 2 de noviembre de 2008

"Solo quiero caminar"


Nunca olvidaré el final de "Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto": Victoria Abril descargando cajas de cerveza, cojeando, después de haber sufrido brutalidades sin cuento. Me parece una de las escenas más hermosas de toda la historia del cine español, un inigualable canto a la esperanza y a la fuerza humana.
Así que fácilmente convencí a mi novia para ir al estreno de la nueva de Agustín Díaz Yanes. Y me esperaba mucho. Al fin y al cabo, todo indicaba que esta peli estaba muy relacionada con la genial opera prima del madrileño. Y efectivamente, el planteamiento de "Solo quiero caminar" repite el de "Nadie hablará.." e incluso, la segunda es la continuación cronológica de la primera.
Pero no nos gustó. Y no nos gustó porque el director y guionista ha intentado meter demasiadas cosas. El tema es el mismo que en "Nadie hablará...": en "Solo quiero caminar" se contraponen hombres extremadamente violentos (narcotraficantes mexicanos) a mujeres tenaces (ladronas españolas). En este caso, la Gil recoge el testigo de la Abril, con algunos añitos más que en "Nadie hablará..." En un mundo dominado por los hombres y por la brutalidad de los hombres, y concebido para el placer de los hombres, las mujeres salen adelante, a pesar de las hostias y de las pistolas, gracias a su solidaridad, astucia y fuerza interior. Sin embargo, en este caso, se trata de una victoria efímera, porque para lograrla tienen que replicar comportamientos masculinos y los únicos resultados son el dolor o la muerte.
Pero el problema es que el director ha intentado dotar a este interesante planteamiento de muchos más adornos que "Nadie hablará..." y la historia revienta por falta de sitio. Se desaprovechan un montón de buen material y de buenas ideas en las que no se profundiza: el personaje ambivalente del asesino interpretado por Diego Luna, la desgarrada banda sonora con flamenco y música mexicana, la aproximación a la cultura del narcotráfico y la muerte, la corrupción judicial española, etc, etc... y al final nos quedamos con una peli de robos que se resuelve de manera confusa e inverosímil. Los personajes van y vienen y no te enteras de lo que está pasando, por muy atento que estés.
Me da la impresión de que Díaz Yanes tiene un problema con las medidas de los ingredientes que cocina, ya en la españolísima superproducción "Alatriste" intentó meter la serie completa de las novelas y desaprovechó una gran oportunidad artística. Como en aquella ocasión, se debería haber guardado ideas para futuras películas.

domingo, 26 de octubre de 2008

Diccionarios humorísticos: Gran Enciclopedia de Aragón (preta)


Joaquín Carbonell y su amigo Roberto Miranda se lo debieron pasar tan bien escribiendo "Estatuto de Autonomía de Aragón. Plan B" que no pudieron resistirse a la tentación de seguir con la coña. Y se buscaron de cómplice al dibujante Alberto Calvo, el creador de Supermaño. Y de ahí salió la "Gran Enciclopedia de Aragón Preta", que recoje a modo de diccionario ilustrado 701 "definiciones, sinónimos, greguerías y alguna pachuchada", más o menos relacionadas con Aragón. Del mismo modo que las antiguas Enciclopedias resumidas pretendían recopilar y sistematizar todos los conocimientos que un escolar debía tener, la "Enciclopedia preta" (apretada, resumida) pretende recoger y divulgar la manera aragonesa de ver el mundo, tremendista, irónica, desencantada. Obviamente, no lo consigue.
Muchos humoristas han recurrido a la estructura de los diccionarios para perpetrar sus atentados. El mejor de todos ellos es "El diccionario del diablo" (1906) del "gringo viejo" Ambrose Bierce. Creo que su lectura es imprescindible para entender el mundo y la moral anglosajona, es decir, la de los amos. ¿Quién puede superar definiciones como "ABORIGENES: Seres insignificantes que obstruyen el suelo de un territorio recientemente descubierto. Pronto dejan de obstruir. Fertilizan". o "EJERCITO: Clase improductiva que defiende a la nación devorando todo cuanto en ella existe para que el enemigo no sienta la tentación de invadirla"? Mi amigo hispanoargentino, Mauricio, me contó que una dependienta de la librería de "El Corte Inglés" le había remitido a la sección de "Diccionarios y Obras generales" cuando le preguntó por "El diccionario del diablo". Supongo que Bierce se retorcería de risa en la fosa común de ese desierto mexicano donde debe estar enterrado.
También me vienen a la memoria la larga serie de glosarios humorísticos que escribió José Luis Coll (QEPD). Normalmente combinaba dos palabras para dar lugar a una definición paradójica o resultona. A base de intentarlo, le salió alguna cosita apañada.
La "Gran Enciclopedia de Aragón Preta" es una buena muestra de ese humor aragonés que nada tiene que ver con el baturrismo rancio y sumiso que vendieron películas de bajo presupuesto o humoristas con pocos recursos artísticos. La obra toca lo rural y lo celeste, lo económico y lo futbolero, lo lingüistíco y lo zoologico, a la Chunta y al PAR. Algunas de las entradas me parecen buenísimas (lo localista y lo universal) "MERCADILLO MEDIEVAL: hacer la risa con leotardos para el forastero. FIESTAS: cuando estabas reventao venía el cantautol ha (sic) hablarte de la siega..." Aparte, han colocado algunos chistes más estandarizados y urbanitas: "CONJUNTAO: Hombre vestido por la mujer". o "BLOGUERO: fantasma internacional." Así que la lectura de la "Enciclopedia preta" es entretenida, especialmente si uno ha nacido en aquella hermosa tierra. De todos modos, creo que a pesar del arte de Calvo, el "Estatuto. Plan B", que ya comenté en este blog, les salió más divertido. No es de extrañar, tratándose de Aragón, el viejo país donde se inventaron las leyes escritas, los pleitos, los juristas, los notarios y el Ombudsman.

jueves, 23 de octubre de 2008

Fracture


En mi barrio hay un barbero, dos fruterías, un locutorio, dos badulaques, media docena de bodegas y un vídeo club. Aunque prefiero las bodegas, de vez en cuando me paso por el vídeo club. A menudo, salgo con las manos vacías porque casi todo lo que ofrecen son americanadas para adolescentes, gore y comedias de negros. Hace unos días, saqué esta peli atraído por la cara de Hopkins en la carátula. Y para mi sorpresa, me encontré una película entretenida y correcta.
Se trata de un thriller judicial, en el que se plantea un duelo arquetípico entre Hopkins (que hace su papel favorito de manipulador inteligente) y Gosling (un fiscal ambicioso y guapetón que se enfrenta al que parece ser un fácil caso). Esa partida de ajedrez es, al principio, interesante; luego se hace un poco pesada. No se trata de un argumento especialmente original, ni la puesta en escena aporta mucho más que algunos de los mejores capítulos de las series clásicas de detectives; pero no hay ningún error grave ni el director (Hoblit) ha pretendido más de lo que se podía sacar. El final tiene el grado justo de sorpresa para agradar al espectador sin que tengan que inventarse un Deus ex Machina, cosa que se agradece mucho en estos tiempos de milagros y prodigios sin arte ni gracia.

martes, 21 de octubre de 2008

Los ríos de color púrpura


Me llamó la atención que le hubieran soltado tanta pasta a un director europeo, Kassovitz, para hacer la fallida "Babylon A.C."; así que busqué este thriller que tuvo bastante repercusión cuando su estreno. Tenía críticas favorables y un título prometedor. Además, supongo que cubrió cuota europea de pantalla.
La cosa empieza muy bien y muy clásica: un asesino en serie en un entorno natural sobrecogedor (los Alpes franceses), simbolismos cruzados (la pureza, la endogamia, el pasado, los ojos) un poquito de miedo y otro poquito de tripas. Y la clásica pareja de policías contrapuestos; pero ni Reno es Freeman ni Cassel es Pitt. Y entonces empiezas a darte cuenta de que la película tampoco es "Seven". Durante un rato es entretenida: los policías van de aquí para allá sin adivinar nada, el asesino les va dejando las miguitas. Pero así yo también me saco el carné de detective francés, si me van dejando todas las pistas. En un momento dado, Cassel se monta un numerito de artes marciales que no viene a cuento contra unos neonazis (supongo que votantes de LePen) y todo el edificio, que ya estaba temblando, se desmorona. El final es inverosímil y además, no hay quien se lo crea.
Lástima de título y de decorados alpinos. Lo verdaderamente misterioso es que le sigan dando tanto dinero para hacer películas.

lunes, 20 de octubre de 2008

Los limoneros.


El sábado fuimos al cine. Y mi novia eligió bien, porque vimos una coproducción franco-israelí, llena de inteligencia y sensibilidad.
El planteamiento es fácil: Cisjordania, una palestina (Hiam Abbas) que vive de los limoneros que heredó de su difunto marido. El ministro de defensa israelí se muda a su lado y el servicio secreto decide talar los limoneros porque dificultan la vigilancia de la casa del ministro. La viuda Abbas se opone y el caso recorre el sistema judicial israelí. Es fácil ver el simbolismo de todo el asunto y la película podría haber caído rápidamente en un maniqueísmo simplificador. Pero el director (Riklis) se las apaña para ir sacando más cosas de la historia: la vida cotidiana de la viuda, las contradicciones internas de la sociedad palestina, las palabras en hebreo y en árabe, los problemas matrimoniales del Ministro de Defensa, etc... Es decir, la vida, más allá del conflicto en Palestina. La vida reflejada en el excelente sabor de la limonada que prepara Abbas, que con su madura belleza mediterránea, llena rotundamente la pantalla, en cada movimiento, en cada gesto. Por supuesto, el conflicto seguridad-justicia no se resuelve porque no tiene solución, del mismo modo que no hay solución satisfactoria para todos en el conflicto en Palestina.
Durante la película pensé en otro nivel, en aquellos a los que despojan de lo suyo para llevar a cabo proyectos "de interés público". Pensé en los dueños de frutales y de casas, afectados por las grandes obras hidráulicas en España (en Jánovas-Chanovas, en Riaño, en Aoiz, ahora en Yesa). En estos casos, se esgrimen para humillarlos y expulsarlos de sus casas presuntas necesidades públicas... En la película, la razón son las decisiones defensivas de un ejército de ocupación. Los guardias civiles que dinamitaron las casas de Chanovas para que sus habitantes no pudieran volver o que cargaron contra las pobres gentes de Riaño no eran un ejército de ocupación ...¿o sí?

viernes, 17 de octubre de 2008

Franco no estudió en Westpoint.


El tele-juez Garzón ha publicado el auto para iniciar la investigación y el proceso de crímenes políticos cometidos en el período 1936-52. Evidentemente, se trata de un brindis al sol con poco fundamento jurídico (como muchas de sus acciones judiciales contra la izquierda abertzale); pero tiene una importancia histórica. Por primera vez se aplica el concepto de justicia universal a España y por primera vez se escribe en un papel público los nombres de algunos de los culpables de la masacre de 1936-52: "...se solicita a los gobiernos civiles, confirmen la defunción de Francisco Franco Bahamonde, General de Brigada cuando ocurrieron los hechos"
Me viene a la memoria este pequeño librillo sobre el dictador del historiador Gabriel Cardona. Al parecer, Cardona es un reconocido especialista en la historia contemporánea del ejército español: ya leí en su momento "Franco y sus generales. La manicura del tigre" (2002) y "El gigante descalzo. El ejército de Franco"(2003). Algo debe saber del tema porque fue un militar profesional hasta que abandonó el ejército a raíz del 23-F.
"Franco no estudió en West Point" se aleja de sus temas habituales y es un pequeño ensayo que se camufla bajo la forma de una novelita. La norteamericana Elyse Crowe visita Toledo para investigar los estudios que el joven Francisco Franco realizó en la academia de infantería hace noventa años. No es difícil reconocer influencias de la novela del aragonés Sender "La tesis de Nancy", entremezclados con los recuerdos biográficos del propio Cardona, al que imagino también como cadete de infantería.
El libro no es demasiado original, aunque sí ameno, cuando plantea el origen de la manera de ser y de pensar que guió a Franco a través de su larguísima vida. Muchos otros autores ya han escrito sobre esto: abandonado por su padre y posiblemente acomplejado por su falta de prestancia física, el pequeño "Paquito" encontró un eficaz refugio en el ejército y en el escalafón, donde siempre se movió con astucia y seguridad en sí mismo. Se formó en el seno de un ejército con excesivos oficiales, mal formados y peor pagados, rencorosos por la derrota de Cuba, aislados de una sociedad civil que empezaba a despertar de un letargo medieval de siglos. Cardona aventura que ese joven cadete taciturno, de escasa cultura y nadie que lo guiara o lo recomendara, se mimetizó con los mitos del glorioso pasado imperial castellano y católico, materializados en los paredones y callejones de la antigua Toledo. Esos mitos imperiales, facilones y evocadores, constituyeron la única fuente de su ideología en el futuro. Al igual que Hitler con los judíos, encontró en los enemigos exteriores (Inglaterra, el comunismo y los masones) las razones de la decadencia de su patria. Los terribles azares de la historia llevarían a dirigir los destinos de esa triste patria durante cuarenta años a este faraón de clase media con faltas de ortografía.

martes, 14 de octubre de 2008

Coffee and Cigarettes.


Quizá no tengo la suficiente cultura cinematográfica para clasificar esta película. Y como no la sé clasificar, tampoco sé juzgarla. Creo que una parte del problema radica en que se trata de una colección de cortos. Algunos me gustaron; pero otros me sonaron repetidos o irrelevantes. Tuve la sensación de que como obra conjunta resulta fallida, floja, de que se hace humo en el aire, como los cigarrillos que fuman los protagonistas.
Al parecer, Jarmush tuvo bastante éxito con un corto que presentó en Cannes en 1993. Decidió aumentar la cosa, contrató a varios actores buenos y a varios famosos norteamericanos (que no son tan famosos para nosotros) y repitió la fórmula 12 veces. Todos los cortos tienen el mismo planteamiento: los personajes se sientan alrededor de una mesa (a menudo, ajedrezada) y toman café y fuman. En algunas ocasiones, mantienen conversaciones intrascendentes. En otras, tiene lugar alguna negociación o propuesta profesional. En todos los casos, hay cierta tensión oculta debajo de la puerilidad. Pero me parece que, salvo en el corto protagonizado por Alfred Molina y Steve Coogan, no hay suficiente arte. Y la vida, sin arte, es aburrida, a pesar del café y de los cigarrillos.

lunes, 13 de octubre de 2008

A brief history or Iceland. Gunnar Karlsson.


Una de mis muchas manías es la búsqueda de puntos flacos o errores en las historias que de sí mismos se construyen todos los Estados-Nación. La historiografía francesa o española, por ejemplo, ha ido montando a lo largo de los siglos una visión de sus colectivos "nacionales" que es la que se estudia y se repite en sus sistemas educativos con el fin de formar a sus futuros ciudadanos. Lo mismo intentan hacer ahora los nacionalismos periféricos. Esas historias están llenas de pequeñas o grandes invenciones, de omisiones interesadas y de aspectos discutibles. Ninguno de ellos es inocente.
Así que cuando me acerqué a la historia de Islandia, me movía el mismo afán desmitificador. Me paseé por el Museo Nacional de Reykjavik y me compré este libro de Gunnar Karlsson dispuesto a poner todo en duda y a criticar. Pero me resultó imposible.
La historia de Islandia aparece como una narración lineal y limpia, llena de poesía y heroísmo desde los primeros colonos ("settlers") hasta la independencia. La supervivencia de los islandeses en esa roca volcánica en medio de la nada desde hace más de mil años es un hermoso canto al ingenio y a la tenacidad humanos. Los islandeses señalan a menudo que entre sus antepasados están también los esclavos y esclavas celtas que los vikingos llevaron a la isla, porque no les hace gracia que se les considere una "reserva" de pura sangre nórdica. Hacen mucho hincapié en la singularidad de las sagas (uno de los hitos de la literatura universal) y de su idioma ("el latín del norte", que tanto interesó a Borges). Y aunque casi todos dominan el inglés, se esfuerzan en mantener y actualizar su vieja lengua y sus costumbres. Dicen que la única arma inventada por Islandia ha sido el dispositivo para cortar las redes que usaban los británicos cuando los conflictos por la territorialidad de las aguas pesqueras.
Malos tiempos acechan, sin embargo, a este país sin ejército. Los bancos islandeses sucumbieron a los cantos de sirena del sistema financiero norteamericano y se metieron hasta las cejas, arrastrando a inversores de toda Europa. E Islandia está en bancarrota, con lo que eso supone para una isla que tiene que importarlo casi todo del exterior. Me duele, por el cariño que le he cogido a esta pequeña nación de lectores y ajedrecistas.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Babylon A.C.


Anoche me metí en el cine del pueblo donde estoy de paso. La única posibilidad era esta superproducción supercostosa para adolescentes o para viajeros despistados. Me pareció que era o mala o muy mala.
No estoy seguro de esto último, porque vi la peli en inglés y se me escaparon partes del rollo místico-apocalíptico del final. En cualquier caso, creo que no me perdí gran cosa: mundo en decadencia, poderes autoritarios, catástrofes ecológicas y confusión de idiomas (Babel). Supongo que Kassovitz quería hacer un nuevo "Blade runner"; pero hace falta mucha gracia para eso. Toda la película gira alrededor de un tipo duro con papada (Vin Diesel) que ensenya músculos y tatuajes y pega bofetadas para salvar a su Dulcinea (Melanie Thierry).
En la peli salen unas espectaculares piruetas en moto de nieve. Los adolescentes islandeses que había en el cine, se meaban de la risa ante las exageraciones. Ya no se rieron tanto cuando salieron dos osos polares muertos a tiros. El calentamiento global y el deshielo están haciendo que lleguen a las costas del norte de Islandia algunos osos blancos. Como son animales extremadamente peligrosos para las personas o para el ganado, los granjeros los tienen que abatir.
Quizá algunas de las cosas que plantea la peli no estén tan lejanas.

martes, 30 de septiembre de 2008

Las mentiras de Ulises: la lógica y las trampas del pensamiento.


"Metaphysica sunt, non leguntur"
Era una cálida noche en Sevilla, discutía con un amigo sobre la fe y la existencia de Dios. Mi amigo, ingenuamente, citó los llamados "argumentos ontológicos" que aspiran a "demostrar" la existencia de Dios mediante la "razón". Esos argumentos se basan en una tautología: lo creado necesita un creador. Para mi amigo, formado en una prestigiosa universidad católica del norte de España, San Agustín seguía siendo lo último en lógica argumentativa. Por desgracia para mi buen amigo y para muchos otros creyentes bienintencionados, esos argumentos y en general, toda la escolástica, quedaron refutados y arrinconados hace mucho tiempo. Eso sí, la humanidad necesitó siglos para ser capaz de deslindar lo que había de razonable y lo que había de mera palabrería en el monumental edificio de la lógica y de la filosofía occidental.
Y eso me recordó un libro muy recomendable que viajó muchas veces desde las estanterías de la biblioteca a mi mesilla de noche y que nunca se dejaba acabar. El libro es "Las mentiras de Ulises" del matemático, lógico y divulgador italiano Odifreddi. Aunque aparentemente, se trata de una mera historia de la lógica, la perspicacia y la capacidad analítica de Odifreddi lo convierten en un libro imprescindible para quienes quieran conocer algo más acerca de la lógica y del pensamiento. Recorre la lógica aristotélica, la escolástica, la obra de Leibniz y los principales hallazgos del siglo XX (Russell, Gödel, Wittgenstein, Tarski, etc...). Por supuesto, estos últimos capítulos eran un poco grandes para mi pequeño cerebrito.
El autor hace numerosas aclaraciones etimológicas (no en vano, la logica es la ciencia del pensamiento tal y como se expresa a través del lenguaje, es decir, a través de las palabras). Además, trata las anécdotas históricas con un fino sentido del humor que convierte a algunas páginas en divertidísimas: "Un teólogo racional digno de este nombre debería tener, pues, el valor intelectual de proponer como lema intelligo ut credam (entiendo para creer) y rechazar creer en aquello que no (se) entiende. Así hizo Abelardo, que, al ser un lógico, entendía ciertas cosas. Y también debía entender otras, porque en 1119 dejó encinta a una bella adolescente llamada Eloísa, que le había sido confiada para que la educase, aunque en otros saberes. Al tutor de la muchacha no le agradó el cambio de plan de estudios y los obligó a casarse, cosa que el novio quiso mantener en secreto para no estropear su carrera académica. Así que estropeó otra, porque el tutor lo hizo emascular: una especie de contrapaso, dado que precisamente a Abelardo se debe la introducción del término "cópula" en la lógica".

lunes, 29 de septiembre de 2008

Groucho y yo.


"La lectura es el acicate de la imaginación y la enemiga del estudio" escribía cierto tratadista severo, aleccionando a los adolescentes. Yo perdí (o gané) muchas horas de mi vida leyendo sin orden ni concierto en lugar de estudiar mis apuntes de Termodinámica o de Electrotecnia. Tengo un recuerdo brumoso, irreal, de frías mañanas en la biblioteca de la Universidad. Llegaba de los primeros; pero las horas se iban en lecturas extrañas, anárquicas, en apariencia improductivas. Uno de los libros que llenaron aquellas mañanas fue esta autobiografía de Groucho Marx (1890-1977).
Estas últimas noches, he tenido la oportunidad de releerlo, aunque no es la misma edición y ahora el libro es mío, y ya no me siento mal por dedicar algo de mi tiempo al viejo Groucho.
En "Groucho y yo", el célebre humorista nos cuenta, de una forma muy convencional y tranquilita, su vida de jovencito judío de Nueva York, de comediante y finalmente, de estrella mundial. Obviamente, sus hermanos aparecen de vez en cuando en la historia. Y son unos secundarios estupendos. Aunque no es el único libro de Groucho, creo que es el más valioso y el más personal. El tono y el humor son parecidos al de sus actuaciones: se permite zaherir de vez en cuando al lector, ridiculiza sin piedad a los que le han perjudicado y asume sus grandezas y miserias como quien no quiere la cosa y llega a arrancar alguna sonrisa. Con todo, cierta amargura sutil flota por todo el texto: creo que es el sabor característico de todas las buenas biografías.
Uno de los capítulos es de especial actualidad: cuando describe la crisis de 1929. Groucho reconoce que perdió un cuarto de millón de dólares. Era el boom financiero y todo el mundo pensaba que se podía hacer rico comprando acciones y la avaricia cegaba el razonamiento. Y todo se ha repetido. Y se repetirá hasta el fin de los tiempos.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Vicky, Cristina, Barcelona.


El sábado pasado, fuimos al cine a ver la última de Woody Allen. Y fue como los cines de antes: había gente, mucha gente, colas, expectación, murmullos en el sala, cachondeo, ilusión, morbo. Como cuando mis padres iban al cine en el pueblo a ver dramones americanos. Y cuando apareció la Penélope en la pantalla, la sala empezó a reir, a aplaudir. Y yo me sentía feliz. Y cuando llegó el morreo entre la Penélope y la Scarlett, pues me sentí más feliz todavía. Y eso que por primera vez en muchos años, nos habíamos tenido que sentar en un lado y tan adelante que me parecía oler el olor de macho de Bardem.
Los fans de Woody Allen notarán que no se ha esforzado mucho para hacer su última comedia: típica historia con triángulo amoroso, un poco de oficio, un latin lover, unos diálogos apañaditos, buena fotografía de Aguirresarobe, buenos actores y que la gente se lo pase bien. Eso sí, es imprescindible verla en versión original, porque la historia juega a menudo con los cambios del inglés al castellano, que son a su vez, la contraposición entre dos mundos: el anglosajón, cerebral, previsor, y el mediterráneo: pasional, improvisador. Al que no le gusten los tópicos que no vaya, porque hay unos cuantos. Hasta cuando visitan Oviedo sigue sonando flamenco. Supongo que es lo que tenía que darle al público norteamericano que, al parecer, ha valorado bastante bien la peli y va a votar como presidente a McCain, que no sabe dónde está España.
Creo que lo mejor son los actores: Rebecca Hall, que es una preciosidad, hace de Vicky. La Johansson hace de Johansson y uno le tiene mucha envidia a Bardem. El personaje de Penélope es demasiado histérico e histriónico; pero aún así la chica se luce y es que cuando se pone basta, y tiene un buen director detrás, no hay quien le gane.

Che, el argentino.


La película ha sido protagonizada y pagada por Benicio del Toro. Para dirigir lo que parece ser el gran proyecto de su vida, ha buscado a Soderbergh, que cinematográficamente hablando, le pega a la carne y al pescado. Al parecer, la primera versión era mucho más larga y la han dividido en dos pelis. "Che, el argentino" cuenta la participación del Che en la guerra revolucionaria en Cuba (finales de 1956- principios de 1959) y supongo que la segunda parte describirá los años del Che en el gobierno revolucionario y su fallida aventura en Bolivia.
Creo que el mito del Che, tan abrumador, tan desmesurado, les ha venido demasiado grande a Soderbergh y a del Toro. Se han asustado y han acabado haciendo un peli plana, narrativa, simplona, aséptica, que se ciñe estrictamente a los "Cuadernos" autobiográficos que el doctor Guevara escribió. Parece más un documental que una película, más una película bélica que una película histórica. Supongo que querían hacer una peli que funcionara bien en el mercado norteamericano y las Selvas de Sierra Maestra podrían ser las selvas de cualquier lado y el Che guerrillero podría ser cualquier guerrillero. Pero la cuestión es que la Revolución triunfó precisamente porque esas eran las selvas y ese era el guerrillero, ese hombre extraño y brutalmente coherente. En ese sentido, creo que "Diarios de motocicleta", la peli sobre el primer viaje de Ernesto Guevara por América Latina es mucho más sutil y artística.
"Che, el argentino" es muy buena en los aspectos técnicos (la narración de las acciones, la interpretación de Castro (Demián Bichir) y de los otros secundarios, los escenarios, etc.); pero carece de la poesía que, independientemente de su valoración política o histórica, supuso la gesta de los barbudos. Me sigue pareciendo asombroso que 17 hombres mal armados y aislados pudieran derrotar a un ejército profesional bien equipado y apoyado por el gran amo. Y en ese sentido, el personaje de Guevara es tan potente que hay momentos en la peli que deberían emocionar a cualquiera: cuando alfabetiza a los combatientes o hace reconocimientos médicos a los guajiros ("Pero si tú estás muy bien, ¿por qué has venido al reconocimiento?- Es que nunca vi un médico y quería ver cómo eran").
Supongo que los EEUU no llegaron a comprender nunca lo que estaba pasando y acabaron transformando a una pequeña guerrilla de Cristos-Guevaras iluminados en un pueblo armado y enfurecido y al nuevo gobierno nacionalista en un enemigo nuclear en, como dijo Neruda, la mitad de su manzana. La historia siguió su curso y los cantares de gesta se transformaron en formularios burocráticos. Al menos, nos quedan las pelis y los libros.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

La economía del fraude inocente. John K. Galbraith


En pleno crack financiero, he releído este breve ensayo, que pasa por ser el testamento intelectual del célebre e influyente economista norteamericano John Kenneth Galbraith. Aunque el subtítulo que los editores españoles le han puesto al libro: "La verdad de nuestro tiempo" puede parece excesivo, no anda del todo desencaminado. El viejo Galbraith intenta mostrar lo que considera que es el verdadero modelo económico global. Aunque alguna de sus conclusiones puede ser discutible, no se le puede reprochar falta de ambición o de visión de conjunto.
Según Galbratih, ya no es adecuado llamar al sistema "capitalista" o de "economía de mercado" puesto que el capitalismo implica poder del poseedor del capital y mercado poder del consumidor, y en la actualidad, el poder no lo tienen ni unos ni otros, sino las minorías que gestionan las burocracias de las grandes corporaciones. Así que propone como nuevo nombre del modelo "sistema corporativo". En la crisis que se nos viene encima, es evidente que las burocracias que gestionan las finanzas no han trabajado para el bien de los accionistas, sino para su beneficio propio a corto plazo.
También discute la tradicional distinción entre economía pública y economía privada y pone como ejemplo, la influencia que las grandes corporaciones tienen en las decisiones públicas estadounidenses, en especial en lo que se refiere a política exterior o defensa. Cita la famosa predicción de Dwight D. Eisenhower acerca del "complejo militar-industrial". No sé hasta qué punto es válida esa discusión para Europa.
Por último, ataca el mito de que pueda hacerse algo al respecto de las recesiones o de los procesos inflacionarios (en especial critica, como buen demócrata, las reducciones de impuestos a las clases más pudientes e influyentes). Dice "son acciones manifiestamente ineficaces, pues no consiguen hacer lo que se supone que deben hacer. Pese a ellas, la recesión y el desempleo o el auge y la inflación se mantienen. He aquí nuestra más apreciada y, si se la examina con cuidado, más evidente forma de fraude". Estas últimas consideraciones son de especial actualidad: ¿qué deben hacer la Reserva Federal o el Banco Europeo ante la gran estafa que ha supuesto la burbuja crediticia de la última década? ¿deben hacer algo?
Si alguno de nuestros políticos hubiera leído algo en la vida, aparte de sus apuntes de Derecho Romano, quizá citaría a Galbraith en el actual debate.

martes, 16 de septiembre de 2008

Conviertáse en brujo, conviértase en sabio. Charpak&Broch


En algún capítulo de los Simpson, ese mundo inagotable dentro del mundo, se puede ver que Lisa está suscrita a una revista cuyo título es más o menos "The Young American Skeptic". Me gusta esa palabra "escéptico" que define a los que dudan de manera sistemática, a los que ponen en cuestión las cosas, especialmente las creencias irracionales, la superstición o la religión. Los escépticos, quizá ingenuamente, aspiran a iluminar las sombras de la vida con una velita. Dice el libro "esta pequeña vela es la razón. Constituye un instrumento modesto, sin duda, y no podría resolver todos nuestros problemas; pero esta vela es lo más valioso que tenemos". (N. Baillargeon). Me considero un poco escéptico y me interesa la desmitificación científica de los "presuntos" fenómenos paranormales. Así que compré este libro de saldo, atraido por la firma de Charpak, premio Nobel de física en 1992 y uno de los cerebros del CERN.
Para mi decepción, el libro es muy flojillo. No me extraña que lo hayan tenido que vender a peso. Es un mero compendio desorganizado de anécdotas, trucos, estafas desenmascaradas y opiniones. En lo que se refiere a la explicación estadística de fenómenos "extraordinarios" prefiero los libros de Allen Paulos. Y además, cuelan unas reflexiones tendenciosas sobre el activismo ecológico y lo intentan confundir inopinadamente con sectas, religiones o supercherías de gurús. Aunque algo de eso haya, deberían argumentar mejor sus opiniones o colocarlas en otro lado.
Cambiando totalmente de tercio, me llamó la atención una frase que no tiene nada que ver con los temas del libro: hablando del "reconocimiento" de caras en manchas de humedad dice (pág. 122): "¿Cuántas hay en las paredes de todas las ciudades de Francia o de Navarra?" Es curioso que en un libro francés, muy francés, se distinga todavía la Navarra ultrapirenaica (Iparralde en la terminología abertzale), la parte que le tocó a los reyes franceses cuando la invasión y reparto del viejo reino a principios del siglo XVI.

jueves, 11 de septiembre de 2008

"Sospechosos habituales" Bryan Singer (1994).


Hace poco, volví a ver este thriller que lanzó definitivamente a Kevin Spacey para los papeles de villano ambiguo y astuto. Me impactó menos que la primera vez que lo vi, lo que era muy predecible, dado que el argumento se basa en cierto engaño al espectador, que se mantiene a lo largo de toda la historia. Una vez conocido el engaño, el suspense pierde mucho calibre, y uno se tiene que conformar con una peli de acción convencional. Con todo, me parece una película bien construida, sin demasiadas persecuciones ni tiros, muy entretenida y bastante recomendable. El director dispuso de una buena colección de actores haciendo de malos (Spacey, Stephen Baldwin, Gabriel Byrne, Benicio del Toro) y de un poli creíble (Palminteri) para llevarla adelante.
En la historia juega un papel importante la referencia a cierto delincuente mítico "Kaiser Soze", que inspira terror en los bajos fondos; pero que nadie ha visto nunca. Precisamente, en esa indefinición, en esa bruma, radica su poder...Como dice Spacey: "el mejor truco que inventó el Diablo fue convencer al mundo de que no existía". A otros niveles, otros diablos han conseguido lo mismo en nuestra sociedad...

domingo, 7 de septiembre de 2008

Los girasoles ciegos.


A nadie se le escapa que el actual interés del PSOE (y de su juez-estrella) en la recuperación de la memoria histórica tiene mucho de partidista: es la típica pantalla de humo para ocultar su incapacidad para gestionar la crisis económica y es una de las pequeñas medidas con las que quiere seguir simulando que es un partido socialdemócrata y progresista.
Con todo, me parece loable que la sociedad española se enfrente de una vez a los fantasmas de su pasado. ¿Qué tiene de malo la verdad? Otras sociedades, donde las heridas estaban más recientes, han afrontado sus propias tragedias: Argentina, Chile, o más próximos a nosotros: la antigua Alemania comunista (imprescindible ver "La vida de los otros").
Sin embargo, nuestra sociedad sigue enferma: una parte de ella sigue instalada en un oscuro pasado y negándose a reconocer el derecho a la reparación al resto. Al fin y al cabo, se siguen viendo como herederos y cómplices de los vencedores en el 39.
Y en este marco, "casualmente", se estrena la nueva película de José Luis Cuerda, un dramón ambientado en la Galicia de 1940: un intelectual que tiene que permanecer escondido en su casa y la presencia omnípoda de la Iglesia Católica, la gran vencedora, la gran vengadora.
Como otras películas de Cuerda, no está mal; pero no llega a cuajar, algo no funciona. Tiene un buen argumento (la novela de Alberto Méndez), buenos actores (Maribel Verdú, Javier Cámara) y una excelente ambientación. Sin embargo, creo que se le han atragantado algunos matices de la novela: no le llega a sacar todo el partido a la angustia del encerrado, que fue la de millones de españoles. Cámara vivió la esperanza de un nuevo mundo luminoso y tiene que vivir después oculto para que no lo maten mientras los vencedores humillan contínuamente a su mujer. También nos dio la impresión de que sobra la parte de la huída de la hija mayor, demasiado tremendista para el tono general, tenso y lento, de la historia.
Aún así, la peli tiene muchas cosas buenas: especialmente la magistral interpretación de José Angel Egido, que hace de rector del seminario. Es un hombre de palabras medidas, de calculados silencios, que conoce las flaquezas humanas y la verdad de las cosas y que ha manipulado y sigue manipulando, después de su victoria. Su cara regordeta y floja es una buena imagen de la iglesia católica, esa organización que pasa por la historia, pero por la que la historia no pasa...

viernes, 5 de septiembre de 2008

"An italian job" (Collinson, 1969)


Anoche vi esta película, a la que se puede llamar "clásica", ya que ha dado lugar a algún remake y ha influido mucho en el cine posterior de robos. Creo recordar que la curiosa persecución de los minis también aparece en la infame "Ocean thirteen".
El interés de la película radica más en su estética que en su argumento, ya que el robo dirigido por un jovencísimo Michael Caine es inverosímil: es decir, "coge el dinero y corre". Eso sí, el ambiente, las ropas y la música son un homenaje a ese final de los sesenta de colores, demasiados colores...
Hay otra cosa de la película que me llamó la atención : rezuma ese sentido de superioridad de los británicos (especialmente los ingleses) sobre el resto del universo. Los italianos son representados como inferiores, como meros comparsas que bailan al son que dictan los astutos ladrones, que pueden dar el golpe del siglo sin necesidad de colaboración nativa. Los policias italianos aparecen como imbéciles. No quiero ni pensar cómo hubiera sido si la peli hubiera transcurrido en la Rumanía de Ceaucescu o en la Spain de Franco.

lunes, 25 de agosto de 2008

"Los falsificadores" (Ruzowitzky, 2007)


Las mejores obras sobre el nazismo, la Segunda Guerra Mundial y el holocausto proceden del ámbito cultural germano. Supongo que en ello hay mucho de exorcismo o de liberación de sus propios fantasmas. He visto en DVD "Los falsificadores", la película austríaca que ganó el Óscar a la mejor película extranjera en el 2008. Se ha presentado como la sucesora de "Las vidas de los otros". Al igual que aquella, "Los falsificadores" también me ha gustado mucho.
Con el fin de desestabilizar las economías enemigas, los nazis pusieron a falsificar dólares, libras y otros documentos en cantidades masivas, a algunos judíos procedentes de los campos de concentración. Usando como soporte una peli de suspense se nos cuenta otra vez la terrible verdad del gran progrom: cómo unos fanáticos papanatas, con la aquiescencia de la mayor parte de la población, humillaron, torturaron y asesinaron a la élite cultural y profesional de Centro Europa. No es una obra maestra; pero su ritmo narrativo es muy bueno y plantea al espectador algunas preguntas de mucho calado sobre la crueldad o el sinsentido de la persecución a los judíos y otras minorías.
¿Quién podía pensar que la locura criminal nazi iba a afectar a toda la sociedad alemana y austriaca? Hubo millones de víctimas, que quizá unos meses antes de ser conducidos a los campos, todavía confiaban en el Reich. Supongo que lo mismo pasó en Argentina o Chile, cuando el "proceso"
¿Hasta qué punto es lícito colaborar con el opresor para salvar la propia vida? El protagonista, el "mejor falsificador de Europa" interpretado por un espléndido Karl Markovics, no lo dudará. Proporcionará a las SS todo su arte y conocimientos para poder sobrevivir. Al igual que hicieron muchos científicos o profesionales. A ese respecto, me viene el recuerdo inevitable de Primo Levi, ingeniero químico, cuyas obras son imprescindibles para conocer aquel tiempo. Levi dedicó su vida a responder la terrible pregunta ¿por qué sobreviví yo? Esa pregunta flota a lo largo de la peli también. Levi se suicidó sin poder responderla.
Curiosamente, una parte de la película transcurre en Mathausen. Ese nombre debería ser conocido por cualquier escolar español. Sin embargo, esa ley del olvido que cubre nuestra historia contemporánea nos sigue convirtiendo en un país anormal, enfermo. Todavía son necesarias varias películas como "Los falsificadores" en el sur de Europa.

sábado, 23 de agosto de 2008

"Garage". 2007. Lenny Abrahmson.


Refugiándome del calor de agosto, me metí en el cine a ver esta peli irlandesa, con la esperanza de que la pantalla se llenara del frescor verde y tranquilo de la isla esmeralda. Y efectivamente, hubo algo de ese verdor, porque la peli transcurre en la Irlanda rural de largos otoños y prados con rocío. Aunque la peli está muy bien hecha y las interpretaciones, como era previsible, son muy buenas, no me gustó. La historia es demasiado triste. Más triste que lo que el cartel o la primera parte permitían predecir. Volví a casa con cierta desazón, con cierta amargura en lo hondo. Nadie me esperaba.
La peli trata de los hombres solos. Hombres, que a causa de la despoblación de sus territorios, o de sus propias carencias, no se casarán y vivirán solamente para su trabajo, para sus costumbres. Mozos viejos, solterones, maziellos los llaman en Aragón. Por lo visto, también los hay en la Irlanda rural. Hombres que trabajan y viven sin nadie a quien cuidar y sin nadie quien les cuide. El protagonista de la película es Pat Shortt, que es un tonto de pueblo, bonachón y bienintencionado que trabaja en una vieja gasolinera. Cumple los horarios y se aferra a sus rutinas. No hay esperanzas ni belleza en su vida entre surtidores y latas de aceite. De vez en cuando pasa un camión cargado de pollos, con dirección al continente o cae la llovizna eterna. El sábado por la noche toma sus pintas en el pub, ve bailar a las pocas chicas que hay y aguanta las bromas de los jilipollas del pueblo. De vez en cuando, va a pasear a un lago de aguas oscuras y tranquilas, como su vida de hombre solo.

miércoles, 20 de agosto de 2008

"Whisky" de Rebella&Stoll


Yo había tenido unos días muy agitados, mi mente estaba llena de ruidos y mi agenda, de citas y jaelos. Y una noche vi la película uruguya "Whisky". Yo estaba solo en casa. Entonces llegó un silencio tranquilo, un suave reposo, una languidez placentera. Quizá fuera un tratamiento homeopático, porque "Whisky" trata de la soledad, de las soledades. Especialmente, de las soledades elegidas. Y también del fracaso.
Es una película lenta, pero llena de pequeños detalles. La historia transcurre en pisos descuidados, en talleres obsoletos, en Piriápolis, una decadente ciudad de vacaciones que el mar está pudriendo, en ese Uruguay pequeño y sin brillo, en "esa burocracia elevada a la categoría de república" que dijera el poeta Benedetti . Quizá lo mejor son los tres actores protagonistas: sus caras son el mejor reflejo de la rutina, de la falta de ilusión, pero también de la belleza y de la esperanza. Andrés Pazos interpreta a Jacobo Köller, el dueño de un pequeño y viejo taller de fabricación de calcetines. Es un hombre taciturno, rutinario, silencioso, solo, vestido con sombras y tristezas. Va a recibir la visita de su hermano Herman (Jorge Bolani) que posee una fábrica de calcetines en Brasil. Herman es hablador, divertido, exitoso. El pequeño país y el gran país, siempre juntos, siempre separados. Jacobo será acompañado durante la visita por su veterana empleada Marta (Mirella Pascual). En mi opinión, este último personaje es el verdadero protagonista de la historia: Marta también está sola y sabe que ya no es joven. Toda la vida ha cumplido órdenes, ha hecho lo que se esperaba de ella y ahora se ve inmersa en una situación para la que no estaba preparada y que hace temblar su espíritu. Me enterneció cuando se arreglaba frente al espejo, cuando con inmensa femeneidad, intentaba estar más atractiva, cuando dudaba si sumergirse en la piscina del hotel, por miedo a que se le estropeara la permanente.

Ali (2001)


¿Por qué he visto esta peli precisamente ahora? Quizá se deba a las noticias que nos han ido llegando de los JJOO de Pekín. Los caciques del COI les han dejado claro a los deportistas que no pueden tener ideas ideológicas y si las tienen, que se callen. Que son meros empleados de un negocio multinacional del que recibirán las migajas si llegan los primeros.
Muhammad Ali sí que tenía ideas idelógicas y no se calló. Como dice Galeano en "Memoria del fuego": "Lo obligaron a defenderse: pega como nadie, feroz y veloz, tanque liviano, demoledora pluma... Le dijeron que un buen boxeador deja la bronca en el ring: él dice que el verdarero ring es el otro, donde un negro triunfante pelea por los negros vencidos, por los que comen sobras en la cocina...Le quitaron el título mundial, lo condenaron a cárcel y multa: gritando agradece estos elogios a su dignidad humana."
Pues me temo que con estos mimbres tan buenos, Michael Mann ha hecho una mala cesta. La peli es demasiado larga. Se queda en una biografía simplona, que no supera las grabaciones de los 70 en las que Clay gritaba al mundo sus ideas y desafiaba al gobierno de los EEUU. La historia avanza capítulo tras capítulo de manera lineal, sin profundizar en la vida del boxeador y en los tiempos que vivió. No indaga demasiado ni en la verdadera personalidad de Muhammad Ali ni en la de la gente que circula alrededor (Malcolm X, los black muslims, el promotor Dan King). A Will Smith no le dejan sonreir ni bromear para que no nos acordemos de sus interpretaciones en comedias; pero Cassius Clay sonreía, bromeaba, bailaba y tumbaba gigantes a hostias. Vamos viendo los combates (contra Frezier, contra Foremann, etc.), los amoríos y los problemas del campeón; pero en pocos momentos se logra captar la épica de la lucha y la energía indomable de ese negro grandote y ágil como una avispa.

martes, 12 de agosto de 2008

Peregrinos.


Ayer por la tarde, fui al cine a ver el estreno "Peregrinos", una comedia que usa el Camino de Santiago como escenario. Yo anduve desde Saint-Jean-de-Pied-de-Port (Donibane Garazi) hasta Santiago hace unos cuantos años, así que tengo que juzgar la película como "peregrino" (qué aspecto más extraño tiene esa palabra) y me cuesta ponerme en el lugar del espectador que no haya hecho el camino. Se dice que cada uno hace su propio camino y vive la experiencia de una manera personal e intrasferible. La directora Colline Serreau pretender contarnos su Camino. Y no sé hasta qué punto lo consigue.
El argumento es bien sencillo y resultón: un grupo muy heterógeneo hace la peregrinación a pie desde Puy-en-Velay (en el Norte de Francia) hasta Santiago. Son tres hermanos que se odian, dos chicas francesas, dos magrebíes un poco desubicados, una enferma de cáncer y el guía. Cada personaje arrastra unos determinados problemas y tiene una motivación distinta. Durante los tres meses de marcha, irán apareciendo y cambiando las relaciones entre ellos, con final feliz y predecible.
Al principio, la película me resultó empalagosa y demasiado artificial. Me fui refugiando en los hermosos paisajes que recorre el grupo. Y me reafirmé en una vieja conclusión: Francia es el país más hermoso del mundo. Y para mi suerte, la mayor parte del metraje trancurre allí. Luego,la película va ganando un poco en profundidad. De hecho, me emocionó cuando uno de los caminantes: una profesora laicista y protestona se pone a enseñar a leer a uno de los pobrecicos magrebíes, que está convencido de que peregrinan a Saint-Jacques de la Meca.
No sé si recomendaros la película; pero lo que si os recomiendo es que en algún momento de vuestras vidas os pongáis una mochila (con poco peso) y echéis a andar hacia donde va el sol, hacia donde acaba el mundo.

sábado, 9 de agosto de 2008

Asesinato por decreto.


Las viejas películas de suspense, basadas en los detectives clásicos (Sherlock Holmes, Hércules Poirot) son como los juguetes de la infancia. Las recordamos con cariño. Les perdonamos que no tengan sofisticados mecanismos electrónicos. No importa que incluso estén un poquito estropeadas, un poquito ajadas. Nos divirtieron en el pasado y nos llenan de cierta felicidad tranquila y fácil en las largas noches de verano.
Vi en DVD "Asesinato por decreto", de Bob Clark. La película transcurre en un Londres teatral, de callejones oscuros y nieblas fantasmales. En el interior de una casa de Baker Street, un fuego familiar y hermoso calienta el gabinete. Suena un violín. Sherlock (Christopher Plummer) y su novio Watson (John Mason) se enfrentan a Jack el destripador. Cuentan con la ayuda de un inquietante Donald Sutherland. Aunque coincidieron en el tiempo (Sherlock nació en 1887) y los célebres (y reales) crímenes de Jack tuvieron lugar en Whitechapel en 1888, me parece improbable que Conan Doyle escribiera un argumento así.¡Pobres prostitutas degolladas y destripadas!
Una de las cosas interesantes de esta pequeña obrita es que muestra el ambiente contrario a la monarquía entre las clases bajas de Londres a finales del XIX. La incapacidad de la policía para detener los crímenes hizo que corriera el rumor que alguien perteneciente a la familia real estaba involucrado en los horribles asesinatos de mujeres de la calle. El misógino Holmes vive ese conflicto entre la necesidad de justicia (esa justicia que para él es un mero entretenimiento intelectual) y la necesidad de estabilidad social (que para alguien de su clase, necesariamente pasa por la defensa de los reyes).

viernes, 8 de agosto de 2008

The incredible Hulk. (Leterrier, 2008)


Para combatir la pertinaz sequía de ideas que les dura más de una década, Hollywood vuelve a la carga con guiones inspirados en los superhéroes de mi infancia y adolescencia. Y como no he podido ir a ver "El caballero oscuro", vi en DVD otra secuela sobre la "Masa". La Masa era el poético nombre con que tradujeron "The incredible Hulk". Aunque la Masa no era exactamente un superhéroe, era el más fuerte y el más terrible de ese universo sencillote y consolador. Aparecía como una fuerza de la naturaleza, brutal e incontrolable, al margen del mal y del bien, que tan claritos estaban para el resto de los dioses de ese Olimpo barato. El doctor Banner y el monstruo verde que llevaba dentro y que aparecía cuando le molestaban, estaban directamente inspirados en el Doctor Jekill y Mr. Hyde; pero los lectores de cómics no lo sabíamos. Por supuesto, entonces no conocíamos a Jekill y a Hyde. Nunca tuve tebeos protagonizados por Hulk; pero, de vez en cuando aparecía como artista invitado en las series que yo leía habitualmente y montaba un buen estropicio.
Como era predecible, la peli es muy mala. No vale ni para las palomitas y el refresco. Además, no han sido muy respetuosos con algunas cosas del comic: creo recordar que Bruce Banner se convirtió en la Masa por una exposición a la radiación en un experimento nuclear. En la peli, su mutación se ha producido por un error en un experimento de tipo biológico (cambio del paradigma científico dominante). Al principio, es aburridita. Luego, se dan cuenta de que tienen que hacer algo que lleve niños al cine y que permita hacer videojuegos y le meten los efectos especiales y un supermalo (Tim Roth) y la cosa se convierte en una jilipollez. El doctor Banner era un tipo angustiado por el mal que se ocultaba en su interior y por la posibilidad de hacer daño cuando se transformara. En la peli, Norton interpreta más bien a un turista despistado que quiere recuperar a su novia (Tyler). No recuerdo que el general Ross (Hurt en la peli) fuera tan estúpido en el cómic. Podría dejar el ejército norteamericano y ponerse a hacer pelis de superhéroes; para seguir quitándonos un poquito más las ilusiones de la infancia.