Ir al contenido principal

Ali (2001)


¿Por qué he visto esta peli precisamente ahora? Quizá se deba a las noticias que nos han ido llegando de los JJOO de Pekín. Los caciques del COI les han dejado claro a los deportistas que no pueden tener ideas ideológicas y si las tienen, que se callen. Que son meros empleados de un negocio multinacional del que recibirán las migajas si llegan los primeros.
Muhammad Ali sí que tenía ideas idelógicas y no se calló. Como dice Galeano en "Memoria del fuego": "Lo obligaron a defenderse: pega como nadie, feroz y veloz, tanque liviano, demoledora pluma... Le dijeron que un buen boxeador deja la bronca en el ring: él dice que el verdarero ring es el otro, donde un negro triunfante pelea por los negros vencidos, por los que comen sobras en la cocina...Le quitaron el título mundial, lo condenaron a cárcel y multa: gritando agradece estos elogios a su dignidad humana."
Pues me temo que con estos mimbres tan buenos, Michael Mann ha hecho una mala cesta. La peli es demasiado larga. Se queda en una biografía simplona, que no supera las grabaciones de los 70 en las que Clay gritaba al mundo sus ideas y desafiaba al gobierno de los EEUU. La historia avanza capítulo tras capítulo de manera lineal, sin profundizar en la vida del boxeador y en los tiempos que vivió. No indaga demasiado ni en la verdadera personalidad de Muhammad Ali ni en la de la gente que circula alrededor (Malcolm X, los black muslims, el promotor Dan King). A Will Smith no le dejan sonreir ni bromear para que no nos acordemos de sus interpretaciones en comedias; pero Cassius Clay sonreía, bromeaba, bailaba y tumbaba gigantes a hostias. Vamos viendo los combates (contra Frezier, contra Foremann, etc.), los amoríos y los problemas del campeón; pero en pocos momentos se logra captar la épica de la lucha y la energía indomable de ese negro grandote y ágil como una avispa.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cristoforo Colombo, genius of the sea.

Mi primera quincena en la Costa Oeste ha sido placentera y enriquecedora. El oído lucha contra el idioma del que pretendo apoderarme y el corazón contra las nostalgias. Solo la tristeza por la grave enfermedad de un amigo y compañero ha oscurecido mis primeros días aquí. El despacho que me han asignado y que comparto con otros turistas académicos es una hermosa biblioteca con una chimenea que ignoro si se encenderá en invierno. Hay una buena colección de libros sobre historia de la ciencia y de la tecnología. Quizá incluso más que en otro sitio que conozco: la rebotica aragonesa de Valencia. Comento el primer libro que llamó la atención en mi nuevo despacho. Se trata de un librillo editado en 1990 por el "Comiato Nazionale per le Celebrazioni del V Centenario della scoperta dell'America". Una de las cosas que llama la atención de muchos españoles cuando pasean por los USA es que la inmensa comunidad ítalo-americana se considera a sí misma la heredera del hecho del "d...

Historia de la guerra de España. Vicente Rojo.

Supongamos que existe algo parecido a la neutralidad en historia, es decir, que los hechos ocurridos en el pasado pueden aprehenderse despojados de todo sesgo o prejuicio. Supongamos también que las personalidades individuales afectan con sus particularidades y talentos al devenir histórico y supongamos, por último, que la historia militar, es decir, lo de las batallitas y los movimientos y los repliegues, etc. es algo importante. Asumiendo todo esto, llegaríamos a la conclusión de que el general Vicente Rojo Lluch fue uno de los españoles más importantes del siglo XX. Sin embargo, este valenciano no tiene ni calles ni plazas dedicadas en ninguna ciudad grande. La razón es fácil de adivinar: se mantuvo leal al gobierno español y, por tanto, acabó en el mando de los perdedores. Mala suerte. Para mi cumpleaños, mi cuadrilla de amigos, me regaló este libro, ¡ muchas gracias, Enrique! En él, se publica el último manuscrito inédito del general, redactado durante su exilio. Jorge Martínez Re...

El año del eclipse.

Fue el verano del primer eclipse. Quizá no recordéis las mismas cosas que yo. Pero sí que os acordaréis de que casi todo lo visteis en televisión. En vacaciones se suele ver más tele. Hasta los chavales aparcan un poco los móviles y las redes sociales y entre siesta y siesta miran la vieja, solemne, mediana pantalla. Hacía mucho calor en todas partes y era mejor estar en casa en las horas centrales del día, cuando los informativos. Y por la noche, como se cenaba tarde, la gente también veía las noticias. Incluso los sobrinos, mientras esperaban que Merche les hiciera los bocatas para irse a cenar por ahí, a la fresca. Fue dos días después de la invasión de Ceuta, el primero o segundo de agosto. Marruecos había empujado a ochenta mil desgraciados a cruzar la frontera, unos por el espigón, otros nadando. Fue como lo de la marcha verde pero sin camiseta y con flotadores. Murieron unas ciento cincuenta personas, ahogadas. Mala muerte. Ahogarse viendo la costa. Entonces, Pedro Sánchez salió...