lunes, 29 de marzo de 2010

Amphytrion (Ignacio Padilla).


Compré esta novela en la Feria del libro antiguo y de ocasión, atraido por la portada y por el título. Así, he aprendido que Amphytrion, en la mitología griega, fue un mortal que dio cobijo a Zeus, y este consiguió acostarse con su mujer haciendóse pasar por aquel.

Es decir, el libro va de suplantaciones. Una cadena de suplantaciones y de falsas identidades, o mejor dicho, de nuevas identidades, conforman un argumento robusto y muy interesante, que recorre la atormentada historia europea del XX.

La trama comienza en el lado imperial de la Gran Guerra y se prolonga a los años oscuros de la Alemania hitleriana y a la posterior persecución de los nazis, en la década de los 60. En cierto modo, los personajes, fantasmales, difusos, reflejan la angustiosa confusión del siglo y sus trágicas consecuencias. Una maligna mano invisible parece llevar a los hombres, incapaces de manejar su destino, a la desgracia. El ajedrez juega cierto papel importante en la historia, puesto que todos los personajes practican el juego. El evocador leitmotiv "Dios mueve al jugador y este a la pieza", en palabras de Borges, resuena en todo el texto.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La bicicleta de Leonardo


Huí del ruido de las fallas, y en las estanterías del pueblo me encontré este libro que compré de saldo hace unos años. Hasta ahora, lo único que conocía de Paco Ignacio Taibo II era la extensa biografía "Ernesto Guevara, también conocido como el Che", que como todas las del subgénero, poco añade a los propios textos autobiográficos del argentino-cubano.
Por otro lado, sabía que Taibo II, desde México DF o desde Oviedo, es una especie de kie o de líder espiritual de la numerosa (y prolífica) tropa contemporánea de autores de novela negra en español.

"La bicicleta de Leonardo
" es una novela negra en la que se mezclan 3 tramas o escenarios: la Barcelona de los años 20, ensangrentada por los conflictos sociales, el violento México actual, donde se secuestra a una gringa para robarle un riñón, destinado a un trasplante ilegal, y algunos apuntes sobre la vida del prodigioso Leonardo de Vinci, el inventor de todo lo inventable.
El novelista se describe a sí mismo, escribiendo dos novelas paralelas, una sobre el pistolerismo barcelonés, con su abuelo sindicalista y justiciero como protagonista y otra, sobre la improbable investigación, que lleva cabo el propio autor, de un secuestro en Ciudad Juarez. Ambas tramas, se encuentran, como todas las líneas paralelas, en un infinito borroso, que es el descubrimiento de unos bocetos inéditos del gran inventor. Me sentí a gusto leyendo, en la soledad de la casa, acerca de los apuros solitarios del escritor, que no escribe y que se enamora de una jugadora de básquet, a través de la tele.
El libro es fácil de leer y aceptablemente entretenido, aunque creo que como ensayo literario (la historia dentro de la historia y el proceso de creación como objeto de creación, etc.) es demasiado ambicioso y la cosa queda algo deslabazada.
Los ambientes en que sitúan ambas tramas me recordaban vagamente otras dos obras, de mucho más poder literario, que, en su momento, me dejaron impresionado: la clásica "La ciudad de los prodigios" de Mendoza y la tremenda "2666" de Bolaño.

lunes, 22 de marzo de 2010

Murió Delibes.


El pasado 12 de marzo murió Delibes, el creador del personaje que da nombre a este blog. Si no tuviera sentido del ridículo, supongo que escribiría algo así como "murió el padre de Daniel el Mochuelo". En los grandes medios y en los suplementos culturales han cometido excesos mayores, colocándole al pobre vallisoletano condecoraciones brutales como "alma del castellano" o "genio de la literatura universal". Todo sea por la gloria de la patria.
En realidad, no he leído demasiado de Delibes. Al menos, no he leído lo más literario, lo que quizá sea más permanente y valioso: "La hora roja" o "Cinco horas con Mario". Solamente he conocido al Delibes de lo rural, de la naturaleza, de la infancia. Al Delibes, que "desnoventayochizó" Castilla, como dijera su paisano Umbral.

Delibes fue, especialmente para la generación anterior a la mía, el escritor que les recordaba de dónde eran, que les hablaba del campo que habían conocido de niños, antes de irse a la ciudad a estudiar y a sacarse las oposiciones de maestro o de empleado de banca. El Delibes que era cazador como ellos, y como ellos, confiaba en ciertas pautas antiguas, rancias y honradas. Delibes fue el autor de cabecera de esa clase media que no leía demasiado; pero que leía de vez en cuando, de esa generación que volvía los viernes por la tarde al pueblo que se estaba despoblando, a casa de los abuelos, que iban muriéndose poco a poco. Delibes fue el autor de cabecera de esa clase social con cuenta corriente y electrodomésticos baratos que miraba la dictadura como algo anómalo y fuera de lugar, pero que se acostumbró a ella, como uno se acostumbra a las tormentas en algunos días de verano o a las primeras noches frías de septiembre. Molestas; pero pasables.

En la escuela, leí muchas veces "El Camino" y entendí o creí entender lo que Daniel sentía al dejar su mundo pequeño de olores a vaca por un mundo desconocido. Y reconocí la sabiduría primaria y portentosa que había en El Nini o en el señor Cayo. Y sentí la injusticia tremenda y terrible que cada párrafo de "Los santos inocentes" gritaba. Comprendí con la peli de Camus que todos hemos sido alguna vez ese viejo loco que se mea en los sabañones y que al colgar al señorito para vengar a la milana, venga a toda la doliente humanidad.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Las fotos del Muvim


El MUVIM (Museu Valencià de l'Il.lustració i la Modernitat) es uno de los museos más interesantes de la ciudad de Valencia. He ido tres o cuatro veces y siempre me ha gustado lo que he visto. En los últimos días, ha sido noticia porque en una exposición de fotografías de actualidad, varias fotos fueron retiradas por órdenes superiores. El listillo del apparatchik que dio la orden la ha cagado bastante: ahora todos hemos visto las fotos, el director del museo ha dimitido y creo que ayer hubo hasta un mani de airados artistas y fotógrafos.

Las fotos, en sí mismas, no son gran cosa, simplemente reflejos de la vida política valenciana del último año. Lo interesante del asunto es que el hecho es un síntoma más de la degradación de esa vida pública. Cuando alguien está en el poder mucho tiempo, independientemente de la validez de su proyecto político o de su apoyo electoral, deja de analizar los hechos en clave política. Para la nomenklatura, cualquier acción de poder se convierte en un hecho natural, indiscutible, en tanto que entiende que el poder le corresponde per sé, independientemente de lo que haga, diga o permita decir. Seguramente, el censor ni se planteó que pudiera haber alguna clase de reacción. Es lo que ocurre cuando llevas doce o quince añitos en el pesebre.

Y los síntomas de esta gangrena, de esa falta de agilidad de la nomenklatura son contínuos: hace poco uno de los comisarios políticos de la tele pública fue acusado de acoso sexual, a todas horas se intimida al Síndic de Comptes (Ombudsman valenciano) para que deje de reclamar una mínima rendición de cuentas, en las cercanas fallas pocas comisiones se atreverán a plantar algún ninot que haga referencia al caso Gürtel, etc, etc, y cada día más gente en el paro y más pequeños empresarios arruinados... Estamos al borde del abismo y nuestros grandes y honorables líderes van a dar un salto hacia adelante.

martes, 9 de marzo de 2010

Juan Pujol.


Parece que este mes va la cosa de espías, porque anoche acabé de releer un libro sobre Pujol, alias "Garbo", uno de los agentes dobles más importantes de la Segunda Guerra Mundial.
La historia de Pujol siempre nos ha parecido fascinante a mi hermano y a mí. Al parecer, por pura motivación ideológica y siendo un autodidacta en lo del espionaje, decidió colaborar con la Gran Bretaña asediada de 1941. Usando sus contactos y su libertad de movimientos en la España fascista y "no beligerante", convenció al todopoderoso Abwher alemán en Madrid de que estaba en Inglaterra, captando información útil.
Por supuesto el título del libro de Juárez es un pelín exagerado (cosas del marketing); pero de acuerdo a la versión oficial de los hechos, la contribución de Garbo a la derrota alemana en el frente occidental fue importante.
Quizá los dos aspectos que me parecen más curiosos de la historia son los siguientes: para mantener engañados a los alemanes, Pujol y su supervisor británico, Harris, inventaron una red ficticia, poblada de nacionalistas galeses, independentistas hindús y desertores belgas, que tenían su propia biografía, sus propias motivaciones y cobraban su soldada. Vidas inventadas, fantasmas reales, mejor que cualquier novela.
La segunda cuestión interesante es la lucha ideológica que se desarrollaba a cada momento y en cada lugar, y especialmente, en las mentes de los espías. Aparentemente, la democracia parlamentaria ganó la guerra; pero después se descubriría que alguno de los más heróicos (y flemáticos) agentes de su Majestad, como Philby o Burguess, que aparecen también en el libro, eran comunistas convencidos y que habían trabajado durante años para el lejano Kremlin.

martes, 2 de marzo de 2010

39 escalones


En estas semanas de abundancias cinematográficas, me refugio en los DVDs. Anoche volví a ver este clásico, que es una peli de culto para algunos (la consideran la cima de la etapa británica de Hitchcock). A mí no me pareció que la cosa fuera para tanto, aunque hay que reconocer que uno se queda atrapado desde el principio y llega a sentir, entre broma y broma, la angustia que el protagonista, Robert Donat, siente al ser perseguido por un crimen que no ha cometido, al saberse poseedor de la única y terrible verdad.

En la larga entrevista que tuvo con Truffaut y que este publicó en forma de libro ("El cine según Hitchcock"), H. explicaba el concepto de McGuffin usando como ejemplo esta peli. El McGuffin sería un truco narrativo que justifica el resto de la historia pero que en sí mismo, no tiene demasiada importancia. Importa en tanto los personajes son capaces de vivir o morir por él. En "39 escalones", el McGuffin es un asunto de espías que uno acaba olvidando en el frenesí semicómico de las persecuciones. La peli transcurre en una Escocia en blanco y negro, de arroyos vivos y noches con niebla. Inevitablemente, tenía que acordarme de aquel viaje que hice con Javi y Leo allí hace ya muchos, muchos años.