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Mostrando las entradas etiquetadas como Sorogoyen

El reino.

Veo a Carlos Mazón, balbuceando en la tele, mintiendo como un niño pequeño, y no puedo evitar que en mi cabeza suenen Los Cuates de Sinaloa, " Ese compa ya está muerto. No más no le han avisado ". Para los que no vivan en la Valencia de Europa: el tal Mazón es un hombrecico que ha medrado toda su vida en uno de los partidos políticos del turnismo español y al que le tocó ser presidente de la región en 2023. Es decir, con el apoyo de los bárbaros, llegó a ser el máximo dirigente de un territorio de más de cinco millones de habitantes, un país que si fuera un estado independiente, estaría aproximadamente en el puesto número 50 del mundo por PIB. En su partido, ya han decidido que hay que matar a Mazón. Pero todavía no saben en qué estercolero tirar su cadáver para minimizar los daños. Y es que el problema es que los bárbaros que lo apoyaron, sobrevuelan como buitres húngaros, pacientes, esperando en la puerta del hermoso palacio gótico del Carrer de Cavallers del Cap i Casal, ...

As bestas

Cuando uno anda por el campo, ha de tener cuidado de no enredarse con algún alambre de espino que señale un linde o una servidumbre. Hay que ir con idea para preguntar, porque un paisano simpático te puede mandar por el camino equivocado, por maldad o ignorancia. En el campo, hay barrancos mortales, hay perros hambrientos, días de nieblas cerradas y mucho odio. Los urbanitas nos acercamos al mundo rural con toda nuestra ingenua alegría, nuestra ropa de Quechua, nuestro gps y muchas ideas falsas. Y peor lo tienen los neo-rurales, que no saben que en los pueblos a los que acuden para tener una vida mejor, hay más árboles, más casas vacías, más tontos y más hijosdeputa (per cápita, se entiende) que en las ciudades. Esta es una película magistral sobre los alambres de espino, sobre las alegrías ingenuas, sobre las casas vacías y sobre los tontos y los hijosdeputa que viven en paisajes maravillosos. Maravillosos en los ojos de los urbanitas; porque para los del lugar, esos montes, esos vall...

Que Dios nos perdone.

En el verano de 2011, las plazas y calles de la Villa y Corte fueron ocupadas por los diversos movimientos y manifas que se englobarían después bajo la etiqueta “15-M”. Hubo algunas hostias, muchas ilusiones renovadas y cierta repolitización de la sociedad. Por primera vez, una parte importante de la ciudadanía cuestionaba el podrido turnismo del 78. El papa visitaba a sus peregrinos en agosto. Todo estaba en crisis, todo parecía derrumbarse. En ese escenario iluminado y vibrante tiene lugar un thriller durísimo. La típica pareja de maderos, poli bueno-poli malo, se esfuerzan por detener a un asesino en serie que se lo está pasando muy bien en el centro de Madrid. En esos barrios de viviendas envejecidas sin aire acondicionado, donde los inmigrantes han sustituido a la burguesía, donde las putas buscan el fresco y donde solo quedan viejecitas solas que no se pueden permitir ecuatoriana que las cuide. Sudores, griterío, golpes, odio, muerte, tanto que daña un poco los ojos...