Yo había tenido unos días muy agitados, mi mente estaba llena de ruidos y mi agenda, de citas y jaelos. Y una noche vi la película uruguya "Whisky". Yo estaba solo en casa. Entonces llegó un silencio tranquilo, un suave reposo, una languidez placentera. Quizá fuera un tratamiento homeopático, porque "Whisky" trata de la soledad, de las soledades. Especialmente, de las soledades elegidas. Y también del fracaso. Es una película lenta, pero llena de pequeños detalles. La historia transcurre en pisos descuidados, en talleres obsoletos, en Piriápolis, una decadente ciudad de vacaciones que el mar está pudriendo, en ese Uruguay pequeño y sin brillo, en " esa burocracia elevada a la categoría de república " que dijera el poeta Benedetti . Quizá lo mejor son los tres actores protagonistas: sus caras son el mejor reflejo de la rutina, de la falta de ilusión, pero también de la belleza y de la esperanza. Andrés Pazos interpreta a Jacobo Köller, el dueño de un peque...