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Coffee and Cigarettes.


Quizá no tengo la suficiente cultura cinematográfica para clasificar esta película. Y como no la sé clasificar, tampoco sé juzgarla. Creo que una parte del problema radica en que se trata de una colección de cortos. Algunos me gustaron; pero otros me sonaron repetidos o irrelevantes. Tuve la sensación de que como obra conjunta resulta fallida, floja, de que se hace humo en el aire, como los cigarrillos que fuman los protagonistas.
Al parecer, Jarmush tuvo bastante éxito con un corto que presentó en Cannes en 1993. Decidió aumentar la cosa, contrató a varios actores buenos y a varios famosos norteamericanos (que no son tan famosos para nosotros) y repitió la fórmula 12 veces. Todos los cortos tienen el mismo planteamiento: los personajes se sientan alrededor de una mesa (a menudo, ajedrezada) y toman café y fuman. En algunas ocasiones, mantienen conversaciones intrascendentes. En otras, tiene lugar alguna negociación o propuesta profesional. En todos los casos, hay cierta tensión oculta debajo de la puerilidad. Pero me parece que, salvo en el corto protagonizado por Alfred Molina y Steve Coogan, no hay suficiente arte. Y la vida, sin arte, es aburrida, a pesar del café y de los cigarrillos.

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