En la infancia pudimos ver excelentes series británicas que nos entretuvieron y nos hicieron como somos. Recuerdo vagamente esta. Tan vagamente que ahora descubro que el título correcto era "Caída y auge de Reginald Perrin", traducción literal de "The fall and rise of Reginald Perrin". Creo recordar que Reginald era un ejecutivo de medio pelo que pasa por una crisis. Tanto su vida familiar como su trabajo son una mierda. Recuerdo (o creo recordar) cómo se desnudaba para suicidarse en las frías aguas del océano. En toda la serie flotaba una atmósfera oscura, absurda y divertida. Las hazañas aburridas y los turbios fracasos de la clase media. La marca de la casa del humor británico.
Todo lo que sube tiene que bajar. La ruleta de la vida, esa imagen tan medieval y tan certera. Si me hubieran preguntado hace un mes por la prelación de los poderosos en nuestra querida España habría contestado sin demasiadas dudas: el número uno es Florentino, la número dos, Ana Botín, el número tres, algún heredero del contrabandista March, el número cuatro, Pedro Sánchez, y el número cinco, algún oscuro mando policial o judicial, de los que defienden heroicamente la separación de poderes en nuestra democracia ejemplar (modo ironía).
Durante años, Florentino ha sido la piedra clave de la bóveda nacional. Intocable, indudable, omnipresente, silencioso. Un símbolo perfecto de nuestro paraíso polisémico: el Real Madrid, es decir, España, el capitalismo siempre a la sombra del presupuesto público, la corte y los restaurantes donde se come mejor marisco que en Galicia, los proyectos con sobrecostes, este para mí, el siguiente para ti, que hay que llenar la península de autopistas, auditorios, ferrocarriles de alta velocidad y pantanos, los discretos acuerdos en el palco, los funcionarios sumisos, mándale una caja de vino, los políticos sumisos, la sumisa nación. Casi nadie se atrevía a escarbar en la biografía del dios del hormigón. Ya cité aquí el único libro interesante que conozco al respecto, el de Fonsi Loaiza.
Florentino era una esfinge, silenciosa, enorme, inmaculada, que aterrorizaba al que se atrevía a mirarla de frente. Y de pronto, como un regalo, la rueda de prensa del 12 de mayo de 2026. Súbitamente, la esfinge se convirtió en un señor mayor. De esos que se tienen que levantar cuatro veces por la noche a mear, de esos que ya balbucean un poco al hablar, de los que meten la pata con algún comentario fuera de tono, de esos que parecen normales, de esos que dan un poco de penica.
Él se debía sentir vivo, ocurrente incluso; pero a veces le faltaban las palabras. Dudó al definir el acento de un posible rival "sudamericano" en las elecciones (modo ironía) a la presidencia del Madrid. Los españoles suelen saber muy poco del idioma que hablan. Florentino se mostraba así, tan entrañablemente español. Y tan entrañablemente cuñao cuando dijo: "Que pregunte esa niña también, esa niña tiene derecho a hablar… que vosotros sois todos muy feos, joder” Es una frase tan linda, tan perfecta en su geométrica misoginia. A mí se me han ocurrido frases así muchas veces. Aunque yo no doy ruedas de prensa. Ya estropeo mi estampa sin necesidad de micrófonos.
Como dijo el gran Francella haciendo de Sandoval: "El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia... de novia, de religión, de Dios... pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín... no puede cambiar... de pasión." Y al abuelete le habían tocado la pasión, su Madrid, es decir, su alma. Florentino siente que él es el Madrid y que el Madrid es él. Más allá de su fortuna, de sus empresas infinitas y de sus miles de esclavos, lo que desea Florentino es confundirse con la multitud en el estadio-templo, quejarse de que los árbitros les perjudican (modo ironía), celebrar los goles del último muchachote brasileño, os lo dije, había que fichar a ese negro. Lo que le gusta a Florentino es reñirles un poco a esos niños malcriados que se pegan en los entrenamientos, ganarles todos los partidos a esos franceses y a esos ingleses que tantas veces nos han humillado. Hijos de puta. Florentino es el Bernabéu del siglo XXI y de los siglos venideros. Eterno, hasta ahora. Los dioses le tendieron una trampa, la famosa hybris. Cuando le tocaron la pasión, el pobre perdió el control y se reveló lastimosa, tiernamente humano. Me cae bien el hombre.

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