Ir al contenido principal

Neorurales: “Una casa en Córcega”.



Una de las canciones más impresionantes de la “Ronda de Boltaña” comienza así “Siempre que se muere un roble allá en el bosque, pierde un viejo dios mi pequeña nación; siempre que nos nace un niño, el futuro se hace bosque, y entre robles corretea un nuevo dios”. Para escuchar en directo a la Ronda, nos subimos al Vallivió, posiblemente el valle más despoblado del Pirineo aragonés, esa tierra tan hermosa y tan desconocida. Y conocimos a David y a Raquel, que han construido en aquellas montañas desoladas, su hogar. Y que han sido papás. Ellos, como otros muchos neorurales, han sido valientes y han ido en busca de sus sueños. Con mucho esfuerzo, día a día, invierno a invierno. A devolver la vida a una plantica que parecía casi muerta. A demostrar que todo es posible. Es difícil describir lo que vivimos cuando la Ronda fue a cantar a su puerta.

El título en francés de “Una casa en Córcega”, aunque menos comercial, describe bien dónde nos está esperando el mundo rural: “Au cul du loup”. Fui a la peli por casualidad; pero la empecé a disfrutar desde el principio. Se trata de una historia sencilla y previsible; pero bien contada: una chica belga hereda una casa en ruinas en las montañas de Córcega. Y decide dar un giro a su vida. Restaurará la casa y volverá al país de sus antepasados. Cuando tiembla de frío o se siente sola en una casa sin luz, era inevitable recordar a nuestros amables anfitriones del Pirineo. Salimos emocionados del cine. En mis oídos seguían resonando los versos de la Ronda: “Luciérnaga entre montañas, ¡no te dejes apagar! Si los hombres permanecen, los dioses ya volverán”

Comentarios

Entradas populares de este blog

El olvido que seremos.

"Ya somos el olvido que seremos. El polvo elemental que nos ignora y que fue el rojo Adán y que es ahora todos los hombres y que no veremos". Del primer verso de este cuarteto de un soneto de Borges tomó el colombiano Héctor Abad Faciolince el título para la biografía de su padre, el médico Héctor Abad Gómez. Motivado por las buenas críticas, compré el libro hace ya muchos años. Y ha acabado en alguna caja, cuyo paradero ignoro, sin ser leído. Nunca nadie lo leerá. Afortunadamente, Fernando Trueba hizo esta excelente película, con guión de su hermano David y dinero colombiano. Como escribí en una entrada anterior, la vimos en dos veces en una de las muchas plataformas que pagamos. La disfrutamos mucho. El atrezzo es muy bueno y la actuación del polifacético Javier Cámara, perfecta. Así que la historia del doctor Abad no fue olvido, al menos por ahora.  John Banville escribió algo así como que estamos vivos mientras viven los que nos recuerdan. Héctor Abad Falciolince aplicó t

Itziar Ituño

Todos nos hemos enamorado de alguna profesora del instituto. Aunque aquí la palabra "amor" tenga más de deseo infantil o de curiosidad ante la vida que de pasión rotunda y madura. Y yo me enamoré de algunas Itziar que pasaron por mi adolescencia. Mujeres de rasgos hermosos, bien vestidas, con timideces mal llevadas ante clases llenitas de hormonas, con cierto pasado oscuro, quizá político, quizá canallita, que se adivinaba en algunas frases sueltas, en alguna sonrisa pícara. Cuando por primera vez vi en la pantalla a la Ituño, supe que ella era todas esas mujeres, que no envejecen nunca aunque se jubilen después de 30 años en el mismo insti y ni me recuerdan a mí ni a ninguno de los adolescentes que les escuchaban embobados. Itziar Ituño se convirtió en una superstar por su personaje de la inspectora Murillo en la serie "La casa de papel", que empezamos a reseñar aquí. ¡Qué envidia y qué manía le tengo al personaje de "El profesor" que es capaz de enamorar

El río baja sucio.

La lejana adolescencia de todos nosotros tiene un río limpio, aventuras, un enamoramiento no correspondido, días largos y borrosos, melancólicos aburrimientos y eternos paseos en bicliceta entre las limpias choperas. De eso trata este librito de David Trueba que me encontré en casa de mis cuñados en el puente de la Inmaculada Constitución.  Uno de los personajes del libro, un secundario con poca importancia en la trama me llamó la atención. Era el típico alcalde, con palillo entre los dientes, ceremonioso con los de fuera; pero astuto y malvado. España ha tenido demasiados alcaldes así, que confundían el desarrollo rural con "su" desarrollo. Han sido los alcaldes de las macrogranjas y las canteras, de los pabellones sin acabar y la ley para los enemigos, los alcaldes que exigían al gobierno obras innecesarias y que le aseguraban los votos al líder provincial, que tenía estudios y colocará al sobrino. Y lo más triste es que esos alcaldes eran de lo mejor que había en ese mundo