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Pelis del verano

A modo de inventario, más que de reseña o recomendación, hago un listado de las pelis que hemos visto este verano. 

En el cine familiar que monta Geli en la terraza, “La cena de los idiotas”(1998) y “ Doble atraco” (2011).

“Le Dîner de Cons” fue originalmente una obra de teatro de Francis Veber, que él mismo llevó al cine. En teatro hay numerosas versiones. En cine, parece ser que hay un remake norteamericano. Estoy casi seguro que la versión francesa, la que vimos, es mejor. Y es que es muy buena. Los que siempre nos hemos considerado a nosotros mismos muy listos deberíamos ver esa peli.  Varias veces.

“Flypaper”, en cambio, me gustó menos. Es una comedia con el siguiente argumento: dos bandas coinciden en un atraco con rehenes. Y entre los atracadores y los rehenes se ponen a resolver una serie de misterios improbables. Aunque me suelen gustar esas historias modelo “ Diez negritos”, todo me pareció demasiado forzado. Lo mejor, la Ashley Judd, una guapetona que, al parecer, tiene ideas ideológicas.

En el cine, vimos “Learning to drive”, de Isabel Coixet y “Mi casa en París”, de Israel Horovitz.

Por lo que se ve, Isabel Coixet se ha convertido en una directora norteamericana a todos los efectos. Y con el Ben Kingsley y la Patricia Clarkson en el reparto, ha hecho una película correcta e interesante, que no se pasa de azúcar ni de sal. Me gustan las películas de Coixet porque van a la esencia de la vida. Se habla de sentimientos y solo de sentimientos. A algunos les parecen empalagosas: pero yo sé a lo que voy. Me identifiqué con el personaje interpretado con la Clarkson, que se ha de enfrentar a una nueva vida aprendiendo a vivir y a resolver los problemas materiales, como conducir. El personaje del gran  Kingsley es un inmigrante sij que se gana la vida como taxista y profesor de autoescuela. Y aplica sabiduría oriental. Es decir, mucho autocontrol y mucho autoconocimiento. Lo que le pega a un profesor de autoescuela. Y de escenario, las calles de Nueva York, que siempre quedan bien.

En “Mi casa en París” se narra el típico viaje existencial hacia el origen de todas las cosas: la infancia. Un norteamericano viaja a París a reclamar la casa que ha heredado y venderla. Pero allí se encuentra a una inquilina y su hija. Aunque la peli comienza en un tono suave, casi de comedia, va creciendo y descubrimos los infiernos que los protagonistas llevan dentro. Aunque Merche se durmió, a mí me gustó. Eso sí, me pareció un poco falso el uso de París (vistas del Sena, Notredame) como escenario permanente. La historia hubiera sido exactamente igual de buena o de mala con menos postal turística. Por ejemplo, si hubiera transcurrido en Nueva York.


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