Ir al contenido principal

Viajes por Guipúzcoa.


Como el año pasado, con dos amigos, he andado por los prados húmedos y los bosques de robles de Guipúzcoa, por sus caminos oscuros y embarrados, por sus pueblos de casas hermosas y calles empinadas. Nos pilló la niebla bajando la sierra de Elgea y la lluvia y el viento frío cruzando Aralar. Cerca de nosotros balaban las latxas y rumiaban tranquilas vacas felices y antiguas.

Más que nunca, he advertido el contraste enorme entre los grandes pueblos industrializados (Mondragón, Beasain) y la Guipúzcoa más rural. Abajo, en los valles fluviales, las autopistas cortan por la mitad ciudades horribles de viejas naves industriales abandonadas y fincas húmedas donde vivían los que vinieron desde Extremadura. Y allá arriba, en las montañas, en los prados de un verde brillante y puro, están los caseríos orgullosos, el bosque oscuro y los pequeños pueblos monolingües. En ese contraste, que sospecho tan estético y emocional como político, radica una parte del conflicto terrible que durante tantos años ha ensangrentado aquella tierra, que fue durante muchos siglos la más española de las Españas.

Me vienen a la memoria dos novelas distintas, ambientadas en el País Vasco. La primera es "Lectura insólita de El Capital" de Raúl Guerra Garrido, premio Nadal en el 1976, que estaba en la biblioteca de mi tío. Usando el secuestro del industrial Lizarraga como argumento principal, la novela indaga en el proceso de industrializacion guipuzcoano y las luchas laborales y nacionalistas de los últimos 60 y 70. Durante su secuestro, el empresario se entretiene leyendo "El Capital", ese libro que recomiendan leer a cualquiera que se quiera meter en negocios.

La segunda es "Sé que mi padre decía", una novela negra de Willy Uribe, que me ha prestado mi compañero de habitación. Como no soy habitual del género, no exijo demasiado y me ha gustado bastante. La novela narra la vuelta de Ismael Ochoa Cuevas a su ciudad natal, Bilbao, cargado de malos recuerdos y peores intenciones. El argumento maneja varios leitmotivs: la figura del padre amado y odiado, la decepción de la vida, la añoranza de lo rural y ETA y su entorno, como un estado dentro del estado, como cualquier otra mafia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sant Vicent Ferrer. Morella.

En la calle de la Mare de Déu de Vallibana , de Morella, en la fachada de la llamada Casa Rovira, se pueden ver estos azulejos que, en castellano, conmemoran uno de los muchos milagros de Sant Vicent Ferrer. Resucitar y recomponer a un niño descuartizado y guisado por su "enajenada" madre debía requerir unos extraordinarios niveles de santidad, de conocimiento de la anatomía pediátrica y de las técnicas de la deconstrucción gastronómica. Al parecer, solo faltó un dedo que la cocinera había catado durante el guiso.  La iglesia dio el prodigio por cierto, junto con otros ochocientos milagros, durante la canonización que tuvo lugar algunos años después. El proceso fue especialmente rápido. El papa Calixto III, de los Borja, homenajeaba así a su compatriota y les dejaba claro a todos quién mandaba en Roma. Hoy, segundo lunes de Pascua, se celebra la festividad vicentina en el Cap i Casal y en otras doscientas localidades valencianas. La elección de Sant Vicent como santo patrón ...

La falla King-Kong (2)

Voy a concretar. Me centraré en un aspecto concreto de la fiesta: la indumentaria masculina. Estos días, he hablado bastante del tema con mi contertulio B. Su mujer tiene una próspera tienda de ropa fallera. Tip for tourists: no hay "disfraces" falleros. Esta palabra es tabú. La vestimenta que tanto impresiona a los turistas debe llamarse "indumentaria tradicional valenciana", con más o menos justificación histórica y documental. Todos los que participan activamente en la fiesta saben que necesitan dotarse de unas mudas de este tipo de ropa para poder estar en los actos falleros (siempre tan protocolizados). Durante la mayor parte de la historia de las fallas, los festeros no vestían de una manera distinta de los días normales. En lo que se refiere a las mujeres, cuando el papel de las falleras mayores empezó a cobrar importancia, se fue configurando un tipo de vestimenta barroca y exagerada que, supuestamente reflejaba los vestidos de gala de las huertanas.  Es fá...

La falla King-Kong (1)

Hemos sobrevivido a otras fallas. Y ya van unas cuantas. Como el resto de  los dos millones de habitantes de Valencia y su zona de influencia, disfrutamos, padecemos, odiamos y vivimos, año tras año, la fiesta de la ciudad. Las fallas forman parte de ese circuito eterno e imaginario de celebraciones ruidosas y telúricas de las que, según creen los extranjeros, siempre estamos gozando los españoles: los carnavales, las hogueras, la semana santa, san Fermín, las innumerables fiestas de los pueblos, la tomatina y la virgen del Pilar. En "Astérix en Hispania" los dos galos atraviesan la península de fiesta en fiesta, asombrados, condescendientes, felices, rodeados de íberos borrachos y de oscuros sacerdotes solemnes. No se puede negar que las fallas impresionan al que las ve por primera vez. Los monumentos, destinados al fuego, aparecen, coloridos y mágicos en cada esquina, el ruido continuo de los petardos atonta y todas las calles huelen a pólvora, al aceite requemado de las bu...