Ir al contenido principal

Es una lata el trabajar.


Últimamente, veo mucho la tele. Demasiado. Así que zapeo de vez en cuando por los numerosos concursos de cantantes que pueblan la programación. Hacen versiones, gorgoritos y duetos, se disfrazan y y se ríen, lloran, les votan sus primos del pueblo y van a Eurovisión o a sitios así. Al menos, los que salen en esos programas saben hacer algo: cantar, bien profesionalmente, bien como aficionados con ilusiones de medrar en la pirámide socioeconómica. Valen más que los que salen en los programas del petardeo.

También veo las recopilaciones de viejas actuaciones del gran archivo de TVE. Y como es música de "nuestros tiempos", me gustan mucho. Especialmente, los comentarios de Santiago Segura. Qué músicos tan buenos, todo tiempo pasado fue anterior...

Así que cuando fuimos a los Talía a ver este musical, en seguida me situé. Usando las canciones y el personaje del hispano argentino Luis Aguilé, construyen una comedia musical divertida y bien intencionada. Luis María Aguilera Picca fue un cantante que, en justa venganza por aquellos que se fueron a "hacer las Américas", hizo el camino contrario y se vino a "hacer las Españas". Vamos, un emigrante que hoy hubiera sido considerado aceptable por los psicópatas de extremo centro. Además, el tipo era tirando a rancio. Pero tenía un estilillo provocador y se ponía unas corbatas divertidas. Así que salió mucho en la tele y tuvo muchos éxitos, guardados en nuestra memoria y en los archivos de la tele.

El musical trata de una fábrica familiar de corbatas que se va a pique. Ya saben ustedes aquello de que el capital tiene que crecer siempre, sino, quiebra. Y para solucionar el problema, la Gisela que lo hace muy bien y está buenorra, se pone a cantar acompañada del fantasma del Aguilé. Final feliz y cena veraniega en el corazón mismo de la Valencia antigua.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Franco y Trujillo

Ayer cayó un chaparrón agradable que refrescó las calles de Santo Domingo. El agua corre hacia el malecón. La desmesurada capital de la República Dominicana, la primera ciudad de América, siempre mira al mar. Por ese mar, llegaron los antepasados españoles y los desgraciados antepasados africanos. Por ese mar, llegan de vez en cuando los invasores estadounidenses y los huracanes.  Santo Domingo fue el principio de todo: desde allí salieron hacia tierra firme los  aventureros sedientos que conquistaron el mundo para el rey de las Españas, el primer puerto seguro, el primer fuerte a salvo de los pobres taínos que no podían entender el infierno que había venido de otro mundo, más frío y más oscuro. Santo Domingo fue la primera catedral, la primera universidad, la primera ciudad extremeña a miles de leguas de Extremadura, la primera casilla de la terrible partida de ajedrez que las potencias europeas jugaron en las Américas. A Santo Domingo, ruidosa, desordenada, sonriente, le cam...

La sospecha de Sofía

Merche no aguanta demasiado tiempo en casa. Acabábamos de volver del Teruel de Teruel; pero insistió en ir al cine. Nos comimos unos bocatas con poca gracia y entramos a la vacía sesión de las 22:30. Soy un facilón. La película se basa en la novela homónima de Paloma Sánchez-Garnica. Es una historia de espías y de gemelos que se intercambian. Y como decorado, la España de los 60 y la Alemania Oriental. Da la sensación de que a alguien, en algún despacho madrileño de esos donde se manejan los dineros para lo de la cultura y el postureo, le gustó mucho la novela. Y le apeteció una película con mensaje sutil: Franco era malo; pero los comunistas aún eran peores. Y una vez más, ha quedado demostrado que no siempre sale una peli digerible de una novela que se vendió bien.  Es lo que tienen las historias de gemelos, que son difíciles de creer.  Siguiendo con obras maestras ambientadas en los 60, me viene a la memoria una de las últimas películas protagonizadas por mi paisano Paco...

ICE, F**K You - A Protest Song for Minneapolis

   La casa de nuestro vecino, el moro, tiene una fachada bonita, que combina bien con la nuestra. Me atrevería a decir que esa casa, la casa de mi mujer y la casa de nuestra derecha son las tres más hermosas de esta ciudad industrial y fea. Tres edificios de colores armónicos y marineros, balcones coquetos, rejas de forja. Si toda la calle fuera igual, vendrían los turistas a hacernos fotos y quizá pondríamos una tienda de souvenirs, gentrificada y hortera, en la parte de abajo. Mi mujer haría bonitas artesanías mudéjares y yo cubriría las pérdidas. El moro respetó la medianera común y apoyó la estructura de su nueva casa en cimientos propios y fuertes, en su lado, honradamente. El hombre es albañil y usó todo su oficio honesto para hacerse una casa linda para la vejez. Construyó una terraza parecida a la nuestra. Aunque la disfrutan más que nosotros, sobre todo, en el ramadán. Nosotros no nos quejamos del olor de sus guisos y ellos no se quejan del humo de nuest...