Ir al contenido principal

Asesinato en el campo de golf.

La realidad siempre supera a la ficción. Ni el mejor Azcona podría haber imaginado la boda cortesana del otro día ni el más inspirado Berlanga, rodarla. Fue una inundación de imágenes ridículas, un tsunami de mal gusto, una representación prodigiosa y completa de todo lo vano y risible de nuestra sociedad. Dicen que el humor siempre ha de apuntar hacia adentro y hacia arriba y apuntar bien la pistola es difícil; pero las imágenes que, como huesos, tuvo a bien echarnos la tele de Ayuso eran una diana gigantesca, grande como un océano de paradojas. Dispararas donde dispararas, acertabas. NO piensen que les deseo unos tiros o unas bombas a los convidados. Sobre eso, volveré más adelante. Al revés, hay que agradecerles a todos que acudieran disfrazados a la iglesia de San Francisco de Borja para alegrarnos la vida y recordarnos, con humor y gracia congénita, cuán estúpido es nuestro reino y cuán absurda es la existencia humana. Dios, gracias por el fuego y por el humor.

Semejante orgía de malformaciones estéticas y sociales tenía que superar cualquier chiste, meme o maledicencia que se hiciera a partir de ellas, y de hecho, las superó. Parecía la obra maestra de un genio con vista social. Un "Luces de bohemia" del siglo XXI, con mejores actores y más mala hostia, y al mismo tiempo, un tratado luminoso sobre la España de siempre. Era la boda de la hija del Aznar y la Botella en el Escorial, mejorada. Quizá con menos boato y menos delincuentes; pero más absurda y más humana. Una licenciatura en sociología o en políticas contada con salero y concentrada en menos de lo que dura una misa de alcurnia. Mucho mejor que la vieja canción del difunto Sabina sobre el entierro de Sauron. Mejor que cualquier libelo erótico-festivo de los que se publicaban en el XIX con Isabel II, la llamada "reina castiza" dando rienda suelta a sus instintos venéreos. Fue mejor que todo eso. Y en directo. Y de verdad. Ni la IA más cabrona habría sido capaz de concebirlo. Había señoras de apellidos compuestos vestidas de indígenas, políticos del partido del pueblo, las teles públicas haciendo la pelota al alcalde de la villa, el alcalde la villa haciendo la pelota al rey delincuente, el rey delincuente con su nieto Fernando VII, y estaba Florentino, por supuesto, organizando el corral y detrás de las vallas de seguridad, la plebe, haciéndoles la pelota a todos. 

Cuando se me pasó la pechada de reír, estuve pensando en las oligarquías españolas, es decir, madrileñas. El bodorrio y sus ridículos invitados no dejaban de ser la esencia destilada, la caricatura del poder de verdad. Apellidos repetidos una y mil veces en todas partes, en todos los consejos de administración, en las direcciones generales de Madrid y de provincias. Pensé en la jerarquía interna de estas élites, algo así como una cadena trófica de la economía extractiva. Arriba, cagando a los de abajo, las empresas de las obras (Florentino), las eléctricas, y los bancos, con apellidos vascos que suenan a limpieza de sangre y a dinero público. Un escalón más abajo, los cercanos a la familia real o a los Sauron, con partes alícuotas del botín según la cercanía genética a los próceres y según la dureza de las caras duras. Luego, los de los apellidos compuestos, propietarios de tierras en el sur, es decir, propietarios de hambres y subdesarrollos ajenos desde hace muchos siglos. Y en los palos de un poco más abajo, los altos funcionarios del estado, de misa dominical y de quinquenios consolidados. Con un solo apellido compuesto y muchas aspiraciones. El hijo bruto para el ejército, no sea que haya que volver a defender el gallinero, como en el 36. Y el que sale listo, de juez o de abogado del estado, como el novio. Dios nos libre de estudiar ciencias o ingeniería, eso para los luteranos. También, pensé, con tristeza, en que a casi todos nos gustaría formar parte de ese corral y de sus privilegios. Pero no hemos tenido o la cabeza, o el estómago, o el código postal necesarios...

Pensé que a algún maldito escritor se le podría ocurrir ubicar un crimen en la boda. Quizá en los baños del restorán, quizá en la fiesta en la finca de la abuelita. Una trama relacionada con la corrupción, o con un antiguo odio porque en el colegio religioso se reían de mí. Quizá alguien parecido a Poirot, inteligente, ambiguo, servil, podría resolver rápidamente el crimen sin mácula para sus majestades ni esperas incómodas para tan altos invitados. Al fin y al cabo, Poirot recuerda a algunos de los pelotas que salen en las tertulias y que hacen méritos para que los inviten a esas bodas horteras.  

Lo digo porque en la última estancia en Murcia, me releí la tercera novela que publicó Agatha Christie. "Asesinato en el campo de golf" (1923), en una colección de novelas de misterio de letra pequeña y lectura incómoda, propiedad de mi cuñado y que yo también tengo en alguna caja. Al fin y al cabo, los Dramati Personae de esas novelas, en especial las protagonizadas por Poirot, casi siempre pertenecían a cierta oligarquía británica o francesa. El equivalente a los últimos escalones del tercer párrafo: nobles de medio pelo, que conservan el caserón señorial (el equivalente madrileño sería el viejo marqués que ha ido vendiendo lo que queda del latifundio extremeño), militares retirados que se han traído un sirviente misterioso de algún extremo del imperio (el equivalente madrileño sería algún antiguo alférez provisional que, después de la gloriosa Cruzada, se quedó en el ejército y se trajo a algún moro), y una señorita bella y de oscuro pasado (el equivalente madrileño sería alguna coplista a la que se folló el rey viejo en otra novela).

Hubo suerte y en la boda solo hubo que lamentar gasto público y resacas privadas. En la novela, la resolución del Whodoit es absurda, casi humorística. Dios, gracias por el fuego, por el humor y por las novelas de Agatha Christie.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Aos Navegantes

Siempre me emociona releer el soneto de Borges dedicado a sus antepasados portugueses:  (...) Son Portugal, son la famosa gente que forzó las murallas del oriente y se dio al mar y al otro mar de arena. Son el rey que en el místico desierto se perdió y el que jura que no ha muerto. Me gusta soñarme siendo el ciego de Buenos Aires. Saltando de una lectura a otra, pobre diletante, me imagino a mí mismo como al enorme autor de El Aleph. El gran argentino estudiaba islandés para entender las sagas nórdicas. Yo, más limitado, estudio euskera para entender a Benito Lertxundi. Mala cosa compararse con un gigante. Uno siente que su vida no ha producido nada útil, que se ha escapado de entre las manos como la arena de los desiertos y los relojes de Borges. En la infancia, pasé muchas horas mirando las páginas de los veinte tomos de la Larousse que mis padres habían comprado con esfuerzo y paciencia. De una entrada a otra, sin prisa. Perdiendo el tiempo, perdiendo vista, gozando, perplejo an...

Panfleto Antipedagógico. (Moreno Castillo)

Reseñaré este libro, que he leído más bien por motivos profesionales; pero que creo que reviste interés en términos generales. Se trata de un texto que tuvo una amplia difusión en la red hace unos años y que ha debido ser un éxito de ventas en forma de libro. El autor (profesor e historiador de las matemáticas) critica las transformaciones que tuvieron lugar en el sistema educativo español (especialmente en secundaria) a lo largo de los 90. Particulariza su crítica en la LOGSE (promulgada por un gobierno del PSOE en 1990). Literalmente, la machaca, y lo hace con humor, sentido común y citas abundantes. Moreno adopta el papel del niño que se atreve a decir que el emperador está desnudo (usa varias veces esa imagen). Es decir, se atreve a criticar las memeces psicopedagógicas y a proclamar que la ley, en realidad, era una mala ley, sabiendo que lo van a tildar de reaccionario y de anticuado. Estoy de acuerdo, con muchas de las cosas que dice y que reclama (la vuelta de una mínima discip...

The interrupters.

Ante la avalancha de peticiones (una o dos), he decidido mantener el blog en activo. Y comentaré algunas de las cosas que voy leyendo o viendo en mi estancia en los USA. Me anima pensar que quizá pueda reseñar cosas antes de que sean estrenadas o proyectadas en la lejana, lejanísima Europa. Mi primeros días en la costa oeste coincidieron con un largo fin de semana. El lunes, 5, era el festivo llamado Labor Day , algo así como nuestro entrañable San José Obrero, ya que aquí no se celebra el primero de mayo, a pesar de que la fecha conmemora la muerte de unos sindicalistas norteamericanos a principios de siglo. Así, que sin nada que hacer ni nadie con quien hablar, me fui al cine. Como soy un intelectual, elegí este reportaje. Aunque me pareció muy mal que todos llevaran palomitas y coca-cola, yo no me privé. Uno de los problemas internos más graves de los USA es la violencia que azota a las comunidades más desfavorecidas. En la peli se dice alguna vez aquello de que en los barrios neg...