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Mostrando entradas de febrero, 2025

El reino.

Veo a Carlos Mazón, balbuceando en la tele, mintiendo como un niño pequeño, y no puedo evitar que en mi cabeza suenen Los Cuates de Sinaloa, " Ese compa ya está muerto. No más no le han avisado ". Para los que no vivan en la Valencia de Europa: el tal Mazón es un hombrecico que ha medrado toda su vida en uno de los partidos políticos del turnismo español y al que le tocó ser presidente de la región en 2023. Es decir, con el apoyo de los bárbaros, llegó a ser el máximo dirigente de un territorio de más de cinco millones de habitantes, un país que si fuera un estado independiente, estaría aproximadamente en el puesto número 50 del mundo por PIB. En su partido, ya han decidido que hay que matar a Mazón. Pero todavía no saben en qué estercolero tirar su cadáver para minimizar los daños. Y es que el problema es que los bárbaros que lo apoyaron, sobrevuelan como buitres húngaros, pacientes, esperando en la puerta del hermoso palacio gótico del Carrer de Cavallers del Cap i Casal, ...

Anuja

Cuando llegan los Óscars, nos ponen las obras nominadas. Business es business . Así que la otra noche vimos en Netflix este corto estadounidense, rodado en hindi. El hindi-urdu es la lengua indoeuropea mayoritaria en la India y en Pakistán, esos dos gigantes que viven en el callejón de al lado, casi sin hacer ruido. Esperando. Anuja es una niña morenica y espabilada que trabaja en una fábrica de ropa. Aunque no se ven marcas, por una conversación telefónica del encargao , se conoce que trabajan ¿cómo no? para la exportación. Anuja, tiene buena cabeza para las matemáticas; pero no ha podido asistir a los actos que se hicieron el otro día por el "Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia" ni a las jornadas abiertas de alguna bonita universidad tecnológica. Su maestro le ha sugerido que se presente al examen de admisión de una institución hindú; pero el encargao, que tiene cara de malo y de baboso, no quiere que deje el taller textil.  Como ven ustedes, todo muy arq...

La tregua

En una de las muchas asignaturas que he impartido en mis casi 30 años de docente, intentaba que los alumnos leyeran algunos libros que yo consideraba valiosos o sabios. Todavía no existía la IA para escribir un resumen rápido (o para poner un examen rápido) sobre un libro, así que confío que alguno de aquellos muchachos leyera algo y algo quedara en su mente o en su corazón. Aquellas asignaturas no se correspondían en nada a los grados en los que se impartían; pero mi antiguo jefe era un tahúr en esto de los créditos y la gestión docente. Sabía que yo era más de letras que de ciencias. Siempre lograba hipnotizarme, me dejaba hacer, yo me trabajaba las horas de clase, mientras que él se las apuntaba. Los compañeros me miraban con lástima y callaban y yo era feliz con mis manías de diletante y mis lecturas, y me iba estancando profesionalmente. Asignaba los libros según la última cifra del DNI, lo que no dejaba de resultar controvertido, al menos, en el caso del libro que reseño hoy. Se ...