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La tregua

En una de las muchas asignaturas que he impartido en mis casi 30 años de docente, intentaba que los alumnos leyeran algunos libros que yo consideraba valiosos o sabios. Todavía no existía la IA para escribir un resumen rápido (o para poner un examen rápido) sobre un libro, así que confío que alguno de aquellos muchachos leyera algo y algo quedara en su mente o en su corazón. Aquellas asignaturas no se correspondían en nada a los grados en los que se impartían; pero mi antiguo jefe era un tahúr en esto de los créditos y la gestión docente. Sabía que yo era más de letras que de ciencias. Siempre lograba hipnotizarme, me dejaba hacer, yo me trabajaba las horas de clase, mientras que él se las apuntaba. Los compañeros me miraban con lástima y callaban y yo era feliz con mis manías de diletante y mis lecturas, y me iba estancando profesionalmente.

Asignaba los libros según la última cifra del DNI, lo que no dejaba de resultar controvertido, al menos, en el caso del libro que reseño hoy. Se trata de "La tregua" una de las obras de Primo Levi. En 1943, los fascistas italianos lo entregaron a los ocupantes alemanes, que lo enviaron al campo de exterminio de Monowitz (Monovice), en el sistema de Auschwitz-Birkenau. Trabajó como esclavo para el complejo IG Farben. Allí le tatuaron el número 174 517.

En sus libros, Levi explica el descenso a los infiernos que suponía ser arrojado a aquellos agujeros concebidos para hacer sufrir a los seres humanos antes de exterminarlos como microbios numerados. Una de las razones por las que me identifiqué con Levi es que era químico de profesión. Esa capacitación, junto el alemán básico que hablaba y una serie de afortunadas circunstancias le permitió sobrevivir a aquel infierno inconcebible. En toda la obra de Levi flota esa pregunta terrible y paralizadora: "¿Por qué me salvé precisamente yo?"

El pasado 27 de enero se cumplieron 80 años de la llegada del ejército soviético al lager. Incluso aquellos soldados que venían de otro infierno, tuvieron que pellizcarse para comprobar que la miseria y la crueldad que estaban viendo era real, no una pesadilla de Dante. En "La tregua", Levi cuenta principalmente su penoso regreso a casa desde Polonia. 

Auschwitz (o los Gulag) fueron la última consecuencia del fascismo y el autoritarismo que dominó Europa durante la primera mitad del XX. Dicho de otro modo, el fascismo condujo y volverá a conducir, necesariamente, a algo como Auschwitz. El fascismo es el pensamiento de un niño de 5 años, egoísta e insensible, llevado a la práctica, sin que nadie se le oponga. Recuerdo que cuando yo tenía más o menos aquella edad (eran los 70) y los atentados de ETA agitaban a la atribulada sociedad española, otro niño, algo más mayor, comentó en el recreo su excelente y lógica propuesta: para acabar con ETA, había que lanzar una bomba nuclear sobre Bilbao. A mí me pareció, en aquel momento lejano, una idea brillante. Afortunadamente, luego crecí, aprendí algo de historia y algo de ciencia, superé los 5 años de edad mental, me enteré de lo del GAL por la prensa (como Felipe González) y acabé leyendo y recomendando los libros de Levi.

El fascismo proclama que va "a resolver problemas". Pero a menudo se trata de "problemas" que solo existen en la cabeza de un niño de 5 años. Por ello, para lograr el poder y resolver los "problemas" previamente tienen que convencernos de que que existe un "problema que se debe resolver". Hitler y Goebbels tuvieron éxito convenciendo a sus compatriotas resentidos y asustados de que la mera existencia de los "judíos" o los "gitanos" era un problema. Steve Bannon convenció a millones de incautos en Estados Unidos y Europa que la culpa de los efectos de la globalización la tienen las lesbianas, los maricones y tus nuevos vecinos que hablan español o árabe.

Lo de siempre, que si estás el penúltimo de la cola es culpa del último, no de Warren Buffet. Ya saben, el de "There's class warfare, all right, but it's my class, the rich class, that's making war, and we're winning". O dicho de otro modo: sigue al de la bandera, idiota, que arreglará lo tuyo. En nuestra España de pequeños rentistas, de padres y abuelos labradores, uno de los principales problemas es "la okupación". Todos ganan dinero creando el problema en la mente de los viejos asustados. Pero la consecuencia lógica de ello es que los matones que se lucran con el negocio, querrán más. Ahora solo se atreven a intentar boicotear la presentación de un libro (podría ser "La tregua" de Levi); pero algún día exigirán que Buffet o Rafael del Pino o Florentino Pérez los pongan en nómina y los hagan fijos. Y los viejos asustados les votarán para que sean los kapos de un nuevo Auschwitz o un nuevo Miranda de Ebro. "Socavón de Castilla. Lento espanto. Catedral invertida hacia la tumba, bajo una piel de piedra cancerosa." escribió Marcos Ana sobre el penal de Burgos.

Para resolver el "problema judío" aquellos monstruos tuvieron varias ideas de niño de 5 años. Por ejemplo, enviarlos a todos a Madagascar. Como era mucho lío, empezaron a dispararles en la cabeza o asfixiarlos con el tubo de escape; pero la cosa no cundía. Era lógico que en un país de buenos y fieles ingenieros y trenes puntuales se acabara montando algo tan eficaz como Auschwitz. "Seremos fascistas; pero sabemos gobernar", dijo un tonto. 

Lo malo es que la historia se repite, como farsa. Y entre cada tragedia y cada farsa hay una tregua. Pero la tregua ha acabado. Los niños de 5 años de ahora no son unos psicópatas de Braunau am inn a los que su padre azotaba a menudo, sino unos payasos mal criados, que vuelven a soltar los perros hambrientos. Alguien ha dicho que Elon Musk empezó de la nada en la mina de esmeraldas de su padre. Con la ayuda de buenos y fieles ingenieros se ha convertido en el vencedor de las guerras de Buffet y el niño más rico del mundo. Ahora se dedica a susurrar ideas pueriles al oído de su compinche pelirrojo, como por ejemplo, que le dé todos los datos de los ciudadanos estadounidenses o que le preste esclavos para sus IG Farben. 

Habrán visto al otro mocoso en la tele: Donald Trump, el niño de 5 años que ha tenido más poder en toda la historia contemporánea. Trump anda imponiendo aranceles en la única economía del mundo que estructuralmente tiene déficit comercial y financiero al mismo tiempo. ¿Qué puede salir mal? Y su gran idea en política exterior, para resolver el "problema" de Oriente medio, es que los palestinos se vayan de Gaza para construir en sus playas hoteles, apartamentos y restaurantes. Servirán paella. No muy buena. Y supongo que a los palestinos se los querrán llevar a Madagascar. O a Miranda de Ebro.


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Dicen que algún espabilao ya ha patentado la marca “Medina d’ Or” 🤢🤢🤬

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