Dicen que en Madrid están los mejores restaurantes de España. Es muy probable. Cuando vamos los de provincias siempre disfrutamos la cerveza, los calamares y les fabes. También debe haber algo de autosugestión. Durante la mayor parte de mi vida, pensé que los senadores solo servían para eso: para senar en esos sitios deliciosos que sirven los manjares del país más rico del mundo. He tragado sapos y culebras por el partido, pues que nos saquen otro entrecot y otro Matarromera, que me lo he ganado. Supongo que en mi rechazo había mucho del unicameralismo de los antiguos republicanos, tan plebeyo, tan tacaño, tan racional.
Hacen falta muchos restaurantes porque hay 266 senadores. 58 designados por las Comunidades Autónomas, en función de su población. El resto, 208, elegido en 60 circunscripciones que son las 47 provincias peninsulares (4 senadores), las 3 islas mayores (3 senadores), las 8 islas menores (1 senador) y Ceuta y Melilla (2 senadores). Si me hubieran preguntado cómo montar una cámara de carácter territorial nunca se me hubiera ocurrido esto; pero los padres son los padres y querían muchos hijos bien alimentados.
En realidad, el senado sí que tiene ciertas funciones que, en la catástrofe que se avecina, podrían ser importantes. Sirve por ejemplo, para ralentizar parte de las leyes que promueve el congreso. Las leyes acaban saliendo; pero más tarde. En la última legislatura, el PP y Vox, que tenían mayoría absoluta en el senado, sabotearon toda la acción legislativa. Ellos iban a lo suyo. En el negro futuro, el senado podría ser la última barrera contra algún decreto tipo Núremberg.
El senado también sirve para montar comisiones de investigación. Realmente, no tienen implicaciones legales (recuerden al comisario Villarejo riéndose de sus señorías); pero meten ruido mediático. Y en la distopía futura, cuando los lobos asalten las granjas, vendrá bien que las gallinas cacareen muy fuerte, para que todos se enteren de lo que está pasando.
El senado también nombra varios jueces del constitucional y varios miembros del poder judicial. Ya sé que es escribir las palabras "jueces" o "judicial" y suena una música rancia y desafinada, como de otra época; pero esos nombramientos pueden ser pequeños diques contra el gran diluvio de chapapote que nos vamos a tener que tragar.
El sistema de elección de los senadores es mayoritario. En las 47 provincias peninsulares, el elector elige los 3 candidatos que prefiera (independientemente del partido al que pertenezcan). Salen los 4 más votados. Esto hacía que, tradicionalmente, el senado fuera un coto privado de los dos grandes partidos, el PP y el PSOE, especialmente del primero. Si no eras mayoritario en ninguna provincia, te quedabas sin senar. Cientos de miles de votos se perdían elección tras elección. Según explican Marcos y Chouza en "El País": " En las últimas generales: el PP, con el 34,7% de votos, obtuvo el 57,7% de senadores y el PSOE, con el 32,5% de papeletas, el 35%. El drama llegó con Sumar: ningún escaño pese a contar con el 11% de votos."
Ya sé que todo esto no suena demasiado esperanzador. Pero como todo no es malo en esta vida, el PSOE y los partidos de izquierdas han llegado a un acuerdo para presentar una sola lista en las 43 provincias peninsulares (quedan fuera las 4 circunscripciones catalanas) y en las islas Baleares. Eso les va a permitir disputar la mayoría absoluta en la cámara alta al PP y a Vox. Que vayan encendiendo las brasas en los asadores, hasta los camareros ecuatorianos se darán cuenta de que va a haber algún cambio en la clientela de esos restaurantes de postín.

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