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Crematorio.

Había llegado el momento de leer y disfrutar “Crematorio” (2007), la novela que dio celebridad y varios premios a Rafael Chirbes. Miguel, de la Librería Primado, me lo recomendó. Leí con asombro y placer las dos obras maestras que publicaría después: “En la orilla” (2013) y la póstuma “París-Austerlitz” (2016).


“Crematorio” ha pasado por ser la novela del boom inmobiliario, de la corrupción, del hormigón en la costa. De hecho, dio lugar a una serie de 8 capítulos sobre el tema. Sin embargo, creo que el autor valenciano no quería hacer una novela que reflejara ese tiempo social concreto. “Crematorio” es una novela mucho más rica y compleja que eso. Pero una cosa es lo que el artista quiere crear, y otra cosa es en qué clase de símbolo devendrá su obra. Llamazares quiso escribir sobre la soledad y “La lluvia amarilla” se convirtió en el gran poema de la despoblación de la montaña. 


El protagonista de “Crematorio” es Rubén Bertomeu. El viejo arquitecto y promotor inmobiliario que, desde una atalaya de soledades y vacíos vitales, repasa su trayectoria, piensa en su hermano Matías, de cuerpo presente, y contempla los paisajes de Misent, su pueblo natal. Paisajes que él ha llenado de feas construcciones para el turismo masivo. Misent, un pueblo de la costa que podría ser Gandía, Benidorm, Cullera o Tavernes de Valldigna (donde Chirbes nació y murió), volvería a ser el escenario de “En la orilla”, cuando ya ha estallado la crisis. 


Chirbes se abre en canal y vuelca en “Crematorio” sus vísceras, su intimidad, su tremendo lamento humano (es fácil adivinar su trasunto en el viejo escritor alcoholizado Brouard). “Crematorio” es una novela sobre el dolor, sobre todos los dolores: “El dolor no te da nada, puede ser que al principio sí que te ayude a conocer algo más: comprobar que la caverna humana es aún más oscura de lo que crees, pero luego, te quita la piel, te deja desnudo”. “Crematorio” nos recuerda que la vida se va a toda velocidad y que algún día recordaremos los amigos a los que traicionamos, el arte que disfrutamos o los proyectos en los que pusimos nuestra pasión. Y seremos inclementes con nosotros mismos.  

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