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España e Italia (2): Montalbano y Carvalho.


Más contemporáneo que el rancio Don Camilo, hay otro personaje literario que es bien representativo de la Italia de las últimas décadas: el detective Montalbano. Así que al volver de Roma, releí dos novelas que había en casa y que precisamente son las dos primeras de la saga: "La forma del agua" (La forma dell´acqua) y "El perro de Terracota" (Il cane di terracotta).

El comisario Salvo Montalbano ha sido la gran creación del guionista, director teatral y novelista Andrea Camilleri. La popularidad de las novelas de Montalbano (llevadas a la tele y traducidas) han convertido a Camilleri en un respetable (y rico) abuelito, que se puede permitir decirle a Berlusconi lo que es.
Montalbano resuelve casos en la imaginaria localidad de Vigata, en Sicilia. En sus investigaciones aparece a menudo la especial idiosincracia siciliana (en la versión en italiano, abundan las formas dialectales), la corrupción política y la mafia; pero también la belleza del país y la antigua sabiduría de sus gentes. Esa sabiduría que la Europa inventada por Lutero atribuye siempre al sur, a modo de mala conciencia. Montalbano, oriundo de la isla sabe moverse dentro de ese sistema de fuerzas equilibradas y de palabras no dichas para encontrar la verdad, aunque a veces, la verdad no pueda ser revelada.

Como es bien sabido, el apellido Montalbano es un homenaje explícito de Camilleri a su amigo Vázquez Montalbán. Así que es inevitable comparar a los personajes estrella de ambos: Montalbano y Carvalho, y discutir hasta qué punto son arquetipos "nacionales" de la España e Italia contemporáneas.

Ambos, Montalbano y Carvalho gozan plenamente de la gastronomía, ambos tienen una mujer que les quiere y muchas que los desean; pero Montalbano disfruta de la vida, mientras que Carvalho arrastra una angustia permanente. Montalbano se baña desnudo en el mar al amanecer y Carvalho quema libros con odio y resentimiento. En ese sentido me confiman lo que alguna vez he pensado de Italia y de España, que la primera es la segunda en tonos amables, mientras que España es Italia en tonos trágicos. García Márquez escribió una vez en alguno de sus "cuentos peregrinos" algo así como "los italianos, hace muchos siglos que descubrieron que no hay más vida que esta y eso los ha hecho perezosos y acomodaticios; pero, a diferencia de los españoles, también les ha quitado el vicio de la crueldad".

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