
En los últimos meses, hemos visto en el cine dos
pelis relacionadas con el concepto de
norma (norma social) o más bien, de su ruptura y cambio. La más reciente,
"On the road", un valiente
intento de llevar a la gran pantalla el famoso e influyente libro de Kerouac.
Al parecer, ha defraudado un poco a los que han leído la novela. Como no era mi
caso, la peli me gustó. Y eso que era tarde y que el planteamiento mismo de la
historia la hace deslavazada e irregular. El protagonista y narrador,
vagabundea por la Norteamérica de los primeros 50, en compañía de gente rarita,
follando y metiéndose de todo, es decir, buscándose a sí mismo. Al parecer, la
novela inspiró a toda una generación, los hippies de los 60. Yo no lo sé, que
no estaba. El sistema fue capaz de digerirlo todo (la huída, el viaje
liberador, las drogas, la revolución sexual). Esa es su naturaleza: gran
vientre que todo lo digiere y que a todo se adapta.
Personalmente, me emocioné, cuando vi Denver, esa
ciudad tan cinematográfica y las nieblas perennes de la bahía de San Francisco
("Frisco" en la jerga de aquella generación beat). Se me ocurre que
lo equivalente, a nivel latinoamericano,
serían los libros de viajes del doctor Guevara, en busca de su San Juan
Bautista. Los del sur siempre han sido más seriecitos y trascendentes. Es lo
que tiene comer menos.
La otra peli ha sido "Los amantes
pasajeros", del genio de la Calzada de Calatrava. Me pareció una mierda,
como a todo el mundo. Al menos, dicen que ha gastado poco dinero. Mi compañero
Toni, con su habitual agudeza, advirtió que la peli plantea una situación en la
que las normas dejan de existir. Interesante; aunque para imaginarme esa
situación prefiero ver un cuadro del Bosco que a varios actores buenos haciendo
el imbécil.
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