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Queen's Gambit

Mi primo ya me lo dijo hace muchos años: "lo bueno está en las series, todo el mundo verá series en el futuro". Y el tiempo y el confinamiento domicilario le vienen dando la razón. Hago cuentas y comprendo que en los últimos meses he visto, sobre todo, series, con avidez, con curiosidad. Las próximas reseñas serán sobre ellas. 

Esta miniserie ha sido el gran éxito otoñal de Netflix. Obviamente, hablé de ella en el programa del 16/11/2020 de "Negras o blancas", el programa de ajedrez de Alzira Ràdio en el que colaboro. Y volverá a salir allí; pero adelanto y separo aquí algunas de mis opiniones.  

"Queens gambit" es buena, casi diría que muy buena. Es lo que muchos ajedrecísticas llevábamos esperando desde hace tiempo, desde "En busca de Bobby Fischer". Y como aquella película, y como todo lo bueno que usa el ajedrez, es bueno, precisamente, porque el tema central no es el ajedrez.  "En busca de Bobby Fischer" (tanto el libro como la peli) eran buenos porque trataban sobre la relación entre padres e hijos y cómo los padres pretenden lograr a través de sus hijos lo que ellos no lograron. "Queens Gambit" es buena porque trata de la soledad, del alcoholismo y otras adicciones, de lo difícil que es vivir en una sociedad individualista para las personas con talento, especialmente para las personas con mucho talento. El ajedrez es el don de Beth Harmon, y mucho del metraje de esta miniserie transcurre en los torneos de ajedrez. Pero la miniserie no trata de eso, sino de la vida atormentada y desgraciada de un genio. 

Y Netflix se ha gastado su dinero para hacerlo bien. La serie se basa en los ojos de Anya Taylor-Joy, machacando sin piedad a sus rivales masculinos, bebiendo, viajando, luciendo tipo, paseando sus penas. Los Estados Unidos de los 50 y los 60, contradictorios, lujosos, febriles, son el escenario de la infancia y la adolescencia de esa niña especial, huérfana, adoptada por una alcohólica, vulnerable e indestructible, a la vez. Como ven, la sombra de Bobby Fischer siempre presente.

Los ajedrecistas somos unos insatisfechos y siempre encontraremos defectos cuando usan nuestro mundillo en una historia: los actores de Queen's Gambit no mueven las piezas con la soltura que lo haría un verdadero ajedrecista y las partidas no llevan el ritmo que llevarían en la vida real. Pero se han esforzado en que las partidas tengan un sentido y que casi todo cuadre. Por desgracia, las dos versiones en español (el de la aldea y el de América), cuando hablan de las jugadas o de algunos términos ajedrecísticos, están bastante mal hechas y desmerecen el original inglés. Que la diosa del ajedrez, que tiene los ojos de Anya, les castigue.

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