Ir al contenido principal

Calamocha

José María de Jaime Lorén (doctor en Farmacia y en Biología) es una de las personas más interesantes que los azares de la vida me han llevado a conocer. Boticario de profesión, historiador y erudito por apasionada vocación.  El año pasado me dijo unas palabras sobre las que he reflexionado mucho: "He tenido suerte. He tenido un medio de vida que me ha permitido dedicarme a estudiar e investigar. Y he sido muy feliz haciéndolo". Se refería a un tipo de felicidad que nunca conocerán los que corren aturullados de un lugar a otro. Tanto en el zoco como en la academia. Un tipo de felicidad que nunca conocerán los que solamente quieren dinero o algo igual de triste: el ascenso en el infinito escalafón de los escribas. José María se ha dedicado a las muchas cosas que le interesaban: la historia de la farmacia, de la veterinaria y de la ciencia en general, la paremiología, la apicultura y su historia, los jilocenses ilustres. No exagero si digo que ha publicado cientos de obras (libros, monografías, biografías, artículos, recopilaciones) sobre estos temas. Y en cada una de esas obras ha puesto un cariño y un cuidado exquisito, como si cada una fuera lo más importante del universo. Y es que quizá sea así. 

José María ha hecho lo que le gustaba. Página a página. Biblioteca a biblioteca. Archivo a archivo. Creo que le da igual si sus publicaciones tienen una H de Hirsch mayor o menor, si lo leen en China o en Zaragoza o si se le considera mejor o peor en los oscuros salones con moqueta de los rectorados. Y eso que tantos años de trabajo y de pequeños descubrimientos, acaban notándose. Creo que es profesor emérito del CEU Cardenal Herrera, miembro de la Academia de Farmacia Aragonesa y recientemente, ha sido nombrado miembro de la Academia de Farmacia de Valencia. Vaya desde aquí la enhorabuena que no le di en su día.

José María, siempre afable, siempre atento, ha hecho mejores las vidas de los que lo hemos conocido. Me hizo algunas indicaciones valiosas sobre mi tesis doctoral. Y supongo que le habría gustado que yo me hubiera dedicado a la historia de la ciencia o  de la tecnología. Pero soy incluso más diletante que él. Ha publicado en este blog entradas interesantes, como estas: 1, 2 y 3. Hace muchos años, nos engañó simultáneamente a mi hermano y a mí, usando el vino y el bacalao de la feria calamochina para hacernos socios del Centro de Estudios del Jiloca. Dentro de algunos siglos, cuando alguien vacíe nuestra casa del pueblo, anotará extrañado en el inventario que había muchos libros duplicados sobre los pueblos y las gentes del "otro río", como lo llaman en mi valle. 

Reseño aquí una de sus últimas obras, "Calamocha: la formación histórica de una villa, 1808-1955", una crónica del XIX y el XX de su pueblo natal, cuyo coautor es Emilio Benedicto Gimeno. Esta clase de libros, que recopilan actas municipales, contratos, prensa local, suelen ser soporíferos; pero el oficio de los autores ha conseguido hacer interesante esta historia de la capital del Jiloca. El nombre de Calamocha sonará a algunos fuera de Aragón porque pasa por ser el pueblo más frío de la península.

Como es bien sabido, la Francesada (1808-1814), la guerra que luego sería rebautizada pomposamente como la de la "Independencia", resultó demoledora para la población y la economía españolas. Y en especial, para el viejo reino de Aragón. No solo fue la destrucción de activos en la metrópoli y la pérdida del imperio colonial, sino la inestabilidad política que dio lugar a un estado de guerra civil permanente durante gran parte del XIX, especialmente en el medio rural. Lo que cuentan los autores sobre aquella Calamocha me sonaba conocido. Ayuntamientos en estado de quiebra, incapaces de empujar la recuperación del territorio. El conflicto continuo entre la nación y los liberales por un lado, y los carlistas, por otro. Algún tatarabuelo mío guardaba el uniforme carlista por si volvían a pasar las partidas por la sierra para conquistar Teruel o Madrid. Me imagino a José María poniéndose en el lugar de aquellos boticarios antiguos, los únicos con algo de formación científica en esas villas empobrecidas y aisladas, intentado convencer al alcalde en la rebotica para que actuara con sentido común y que no despidiera al maestro, diga lo que diga el cabrón del cura. La primera República, efímera. Los años de la Restauración borbónica y su ciclo de crecimiento económico. Los caciques y los apellidos que se repiten en el registro, en los juzgados, en la constitución de sociedades. Esos pueblos de Aragón, siempre esperando las noticias de fuera, a ver lo que pasa en la capital, a ver lo que mandan, nunca protagonistas, siempre aguardando. El golpe de Primo de Rivera, la proclamación hermosa de la segunda República y el golpe del 36 y la revancha africanista. El libro pasa casi sin hacer ruido por la guerra y los crímenes hasta llegar al primer franquismo y sus hambres y sus miserias. Espero con interés la siguiente entrega sobre la Calamocha contemporánea.

Comentarios

Entradas populares de este blog

ICE, F**K You - A Protest Song for Minneapolis

   La casa de nuestro vecino, el moro, tiene una fachada bonita, que combina bien con la nuestra. Me atrevería a decir que esa casa, la casa de mi mujer y la casa de nuestra derecha son las tres más hermosas de esta ciudad industrial y fea. Tres edificios de colores armónicos y marineros, balcones coquetos, rejas de forja. Si toda la calle fuera igual, vendrían los turistas a hacernos fotos y quizá pondríamos una tienda de souvenirs, gentrificada y hortera, en la parte de abajo. Mi mujer haría bonitas artesanías mudéjares y yo cubriría las pérdidas. El moro respetó la medianera común y apoyó la estructura de su nueva casa en cimientos propios y fuertes, en su lado, honradamente. El hombre es albañil y usó todo su oficio honesto para hacerse una casa linda para la vejez. Construyó una terraza parecida a la nuestra. Aunque la disfrutan más que nosotros, sobre todo, en el ramadán. Nosotros no nos quejamos del olor de sus guisos y ellos no se quejan del humo de nuest...

Palmeras en la nieve

Parece una película norteamericana, de las muy taquilleras. Y por eso está haciendo mucha taquilla. Es un dramón de casi tres horas, con paisajes espectaculares, actores guapos (el Casas y la Ugarte), ambientación de lujo y mucha épica.  Cuando los críticos se quejen de que la industria patria no hace productos vendibles, les arrearán con esta peli en toda la boca.  Se basa en el best seller escrito por la alcaldesa de Benasque, Luz Gabás, que se inspiró en la historia de su familia. Y del mismo modo que el libro ha tenido ediciones en otros idiomas, la peli pronto tendrá versiones extranjeras. No me arrepiento de haberla elegido; pero la cosa, con tanta duración y tanta lágrima, me sonaba más a serie televisiva que a peli de cine. A pesar de las idas y venidas de los personajes y del final previsible, me metí en la historia y disfruté cómo debían disfrutar nuestros padres cuando vieron “Lo que el viento se llevó” o “Memorias de África”. La historia está p...

Todos estamos invitados

El viernes fui a los Lys, uno de los pocos cines que van quedando en el centro de la ciudad, a ver el estreno de "Todos estamos invitados" de Gutierrez Aragón. No me gustó. La peli trata el terrorismo de ETA y la opresión que ejerce sobre la sociedad vasca, a través de dos personajes: un profesor amenazado (José Coronado) y un terrorista amnésico (Óscar Jaenada). Me dio la impresión de que las historias no engarzan bien, el argumento queda deslabazado y previsible y los arquetipos que quiere presentar no funcionan. Creo que se podrían haber quedado sólo con la historia del profesor y el vacío cobarde que le hacen en su cuadrilla donostiarra de comedores de kokotxas y todo hubiera resultado más sólido. Se podían haber ahorrado unas escenas de kale borroka poco creíbles, por ejemplo. Supongo que también me molestó que hicieran uso de trucos argumentales como amnesias y cosas así, eso se debería dejar para las telenovelas. Tampoco me creo a los actores: Coronado no tiene pinta d...