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"Philomena" y "Dallas Buyers Club"

Vivimos a través de las emociones ajenas. Los padecimientos y las alegrías de los otros nos hacen llorar y reir. Espejos sutiles de nuestro yo vacío frente al televisor deshonesto. La empatía, esa ilusión, ese prodigio evolutivo. El arte todo, especialmente el audiovisual, es la manipulación de esa empatía, de la envidia, de la solidaridad más pura. Y esto vale para la mierda de las telecinco y  para los poemas que Miguel Hernández escribió en la cárcel. Aunque haya universos de diferencia en la intención o en la artesanía usada. Las dos últimas pelis que hemos visto  tenían mucho de ese trabajo emocional. Ambas  logran que el espectador se ponga en el lugar de los protagonistas y que sienta un poco su dolor y un poco su lucha por vivir. Y que salga del cine con la ilusión de haber llenado un poco esa nada que nos inunda por dentro. Con menos arte, con otros actores u otro atrezzo, ambas pelis serían telefilmes para después de comer. Pero, afortunadamente, ambas son d...

Historia de un idiota contada por él mismo.

Murió el desdichado Leopoldo María Panero, el loco oficial de la poesía española. Nunca leí nada de él. Y es que no he leído poesía, desdichado de mí. De los nueve novísimos , solo he leído prosa. Mucho de Vázquez Montalbán, como cualquier cristiano. Y el otro día, esta obrilla del barcelonés Félix de Azúa. Se trata de una autobiografía que el protagonista convierte en un filosófico experimento de búsqueda de la felicidad. O mejor dicho, de demostración de la imposibilidad de aquella. El idiota indaga en los sucesivos escenarios que la vida le ofrece: la infancia, el sexo, la política, el amor, sin llegar a conclusión alguna, porque la pregunta de investigación no admitía respuesta.  Aunque la inevitable sensación de vacío que deja el texto, se ve mitigada por lo ingenioso de las frases y reflexiones que, empezando por el título, trufan el opúsculo. “Al día siguiente me maté. Dicho así, parece algo irreparable; pero no lo es tanto” o “He concebido un proyecto magnífi...

El vuelo de las termitas (Luis Leante)

Hace unos años pusieron unos carteles en el hermoso camino de chopos que va desde mi pueblo a  San Juan. Señalaban un largo sendero en dirección al sur. Todos los caminos en Aragón van al sur. Los carteles balizaban un recorrido de cientos de kilómetros por lo que fueron territorios templarios hacia Caravaca, donde se guarda un fragmento de la cruz. Uno de los muchos lignum crucis que atesora la cristiandad. Este es el único verdadero. Supongo. No creo que recorra nunca ese camino de los templarios hasta la Región de Murcia. Prefiero los senderos homologados y cartografiados. No soy un peregrino, soy un senderista. Sin embargo, cuando me regalaron esta novela por navidad y barrunté el motivo principal de la historia, me vinieron a la mente los chopos de San Juan y la fiesta que hacen en mi pueblo para celebrar la Pascua. Hogueras, meriendas, caballos, antorchas, jaimas y túnicas de aquellas antiguas órdenes militares, que empujaron, fanática, heroicamente, las fronte...

Nebraska

Los estados del centro son, en general, de relieves planos, de paisajes monótonos. Granjas, pequeños pueblos, pastos grises y árboles enjutos. O así los recuerdo. Una densa soledad impregna esos paisajes de caminos rectilíneos y cielos oscuros que, de vez en cuando   descargan alguna nevada gigantesca o algún tornado.     En esos estados viven los descendientes de los alemanes, suecos, irlandeses, que huyeron de la miseria europea y se trajeron su hambre, sus dioses austeros, su alcoholismo. Y el estado más alejado del mar, el estado central por excelencia, es Nebraska. Yo lo crucé en un tren, que recuerdo lento y triste. Los protagonistas de la película también viajan hacia Lincoln, Nebraska. Viajan hacia su pasado, hacia el porqué de sus soledades. La excusa para la road movie es que el viejo Woody (Bruce Dern) cree que ha ganado un premio y consigue que su hijo, otro fracasado como él, lo lleve a cobrarlo desde Montana. Vamos conociendo así, a ...

Una cuestión de tiempo.

Una fotografía excelente y unos actores simpáticos evitaron que la peli se me empalagara. Se trata de una comedia romántica y de moraleja previsible, basada en unos viajes en el tiempo. La cosa no es muy original y no aguanta unos análisis muy profundos; pero Rachel Mc Adams es preciosa, el director Richard Curtis sabe manejar los tiempos de la historia y viene bien que, cada cierto tiempo, alguien te diga: Carpe Diem.