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"El último jedi" (penúltima entrega, de momento)

Mi sobrino me preguntó con su sonrisa pícara: “Entonces, ¿van a hacer una peli de estas, cada Navidad?”. En realidad, quería decir lo siguiente: “¿Cada Navidad me vas a llevar al cine y me vas a comprar palomitas y una fanta de naranja?”. La respuesta es que sí lo haré. Aunque la saga se esté haciendo cada vez más aburrida y pueril y se parezca a un culebrón sin sentido. Y es que hay que llevar al cine a los muchachos, los sueldos de los ejecutivos de las multinacionales no se van a pagar solos. Lo llevé a ver la octava entrega de la serie (y segunda de la época Disney): un tostón edulcorado. Un Mark Hamill acartonado hacía de sí mismo (Luke Skywalker). La Carrie Fisher (Princesa Leia) ha envejecido mejor; pero intentaba moverse poco para no romperse. Hay muchas idas y venidas por el hiperespacio y algunos trucos con la fuerza; pero la cosa sigue decayendo. Y nuestra infancia “…a long time ago in a galaxy far, far away” Uno de las pocos temas que me interesan es cómo se han aña...

Novela negra en mayo.

Lamento no haber viajado más y no haber leído más novela negra. Lo primero es difícil de reparar. Tempus fugit. Respecto a lo segundo, se hace lo que se puede. En mayo, leí dos novelas que reseño juntas. Aunque sé que las comparaciones son odiosas. Antes de que le dieran el Princesa de Asturias, disfruté muchísimo “El hombre de los círculos azules”, de la francesa Fred Vargas. La arqueóloga e historiadora Frédérique Audouin-Rouzeau ha publicado bajo ese seudónimo dos series de novelas:  “los tres evangelistas” y el comisario Adamsberg. “El hombre de los círculos azules” (1991) fue el primer caso parisino de Adamsberg, un hombre menudo y callado, que no aplica ningún método a su investigación; pero que barrunta la crueldad y el mal. Los personajes, extraños y únicos, se mueven por la historia como consumados actores. Juegan entre ellos y el lector sabe que la escritora está jugando con él a través de sus diálogos casi surrealistas, de sus idas y venidas, de sus profundidade...

Mi familia del norte.

Me pareció una mierda. Un diseñador muy fino y muy sofisticado se encuentra-reencuentra con su familia de provincias, que, aunque hablen raro, son en el fondo, muy buenas personas y le dan una lección sobre la vida. Es decir, mi paisano Paco Martínez Soria, versión francesa siglo XXI. Lo de siempre: “ Qué envidia nos tienen en todo Madrid, ellos no son tan nobles, tan burros y pobres como los de aquí ”, cantaban los de la Bullonera. Supongo que en versión original, la peli hubiera tenido algo de interés. Se supone que la gracia está en que los de la familia del norte hablan en picardo , uno de los dialectos de las lenguas d’oïl. Ellos lo llaman algo así como “chti”. Ya se sabe que las lenguas o dialectos patois tienden a denominarse con nombres locales (fabla o bable) para ser menos, para no asustar. Y claro, a los parisinos (y se supone que al espectador) eso les hace mucha risa. En los cines del Puerto de Sagunto, la cosa venía doblada al español y todo era absurdo. Al meno...

Crematorio.

Había llegado el momento de leer y disfrutar “Crematorio” (2007), la novela que dio celebridad y varios premios a Rafael Chirbes. Miguel, de la Librería Primado, me lo recomendó. Leí con asombro y placer las dos obras maestras que publicaría después: “En la orilla” (2013) y la póstuma “París-Austerlitz” (2016). “Crematorio” ha pasado por ser la novela del boom inmobiliario, de la corrupción, del hormigón en la costa. De hecho, dio lugar a una serie de 8 capítulos sobre el tema. Sin embargo, creo que el autor valenciano no quería hacer una novela que reflejara ese tiempo social concreto. “Crematorio” es una novela mucho más rica y compleja que eso. Pero una cosa es lo que el artista quiere crear, y otra cosa es en qué clase de símbolo devendrá su obra. Llamazares quiso escribir sobre la soledad y “La lluvia amarilla” se convirtió en el gran poema de la despoblación de la montaña.  El protagonista de “Crematorio” es Rubén Bertomeu. El viejo arquitecto y promotor inmob...

Buenismos. "La tribu", "Campeones"

El DRAE recogió en el 2017 la voz "Buenismo". Ese hacer y pensar lo que se supone que es lo correcto y que se manifiesta a través de la solidaridad y la tolerancia y que a veces peca de cierta ingenuidad,  de no calcular las consecuencias a largo plazo de las acciones. El buenismo estaría relacionado con una visión más femenina, más humana de la sociedad y de sus problemas. Sería la versión actualizada de los viejos anhelos de fraternidad entre géneros y entre razas que se expresaron a través de ideologías varias en los convulsos XIX y XX. Es la parte buena del ser humano, que, para progresar, tiene que olvidar de vez en cuando que el infierno está empedrado de buenas intenciones. A principios de abril fuimos a un concierto del Coro Alameda ,  a beneficio de Valencia Acoge y vivimos esa sensación de que juntos se pueden hacer mejor las cosas.Esa visión que a tantos hombres nos produce simpatía a veces, y a veces vértigo. Viendo a qué clase de gente pone nerviosa ese buenis...